Oct 14
La Heidi de un Perturbado.
A mí todo lo que huele a censura me estimula más allá del olfato y en este caso concreto, Clara siempre me ha puesto cachonda. Tan Rubia, tan ñoña y tremendamente abusable. Además, últimamente la gerontofilia está arañando la puerta tan endeble de mis perversiones y el Abuelito Verde no me desagrada…
¡No importa, pequeña, si esto es muy bueno para el cutis!
Nos suena a todas, ¿verdad? Ummmmm
Oct 13
Keeley Rebecca Hazell.
Ahora que os tengo receptivos, con la baba colgando de los dos pares de labios que las hembras tenéis y del único que poseéis los Rabos (compensada esa carencia de baba, eso sí, por un afanoso líquido preseminal) os cuento. Este festival de hermosas tetas viene porque este fin de semana me enteraba en la lista Anal-Izada de Galina de que esta mujer tan sencilla va ganando un concurso de tetas naturales. A mí, que cuando tengo buen día sólo hace falta enseñarme un pezón para que prepare las fauces de la perra hambrienta que soy, me dio por pasar las siguientes horas mirándole las tetas a Keeley. Y claro, imaginaos eso que estáis ahora pensando y sintiendo pero multiplicado por horas de repaso emocional a todo el grueso de sinónimos sensitivos que se os ocurra.
Joder, claro que se merece el primer puesto. Esas tetas son obra de un molde al capricho de un Dios griego. Sus pezones son una oda al mordisco y la saliva, al tacto más delicado y al hambre más desgarrada. Las tetas naturales son siempre mejores que las de goma, aunque yo soy de esas que piensan que si la naturaleza no te ha bendecido que lo haga el cirujano. Pero a la hora de valorar la belleza, los concursos a tal menester están últimamente llenos de dopaje por todas partes. Las venezolanas siempre han tenido tradición, pero hoy todas se han puesto a la altura. No hay más que trampa, y al contrario que los ciclistas, a nadie parece importarle.
Si hablamos de juzgar lo bello hay que tener en cuenta la naturaleza como don. Como quien tiene una aptitud deportiva. Claro que una puede entrenarse (la peluquería, la manicura y las cremitas) pero sin fraude. Y Keeley tiene mejores tetas que cualquier hembra con un chute de silicona. Con todo el encanto de los pechos naturales sin ninguno de los desencantos de los mismos. Y si miramos más allá de las tetas en sí mismas, tiene un cuerpo perfecto, una cara ideal, unos pies bellísimos y unas manos, y un ombligo, y un culito, y un cuello…
Joder. Keeley Hazell me hace sentirme más mujer que nunca, absolutamente acorde con el género del que tantas veces reniego.
Muy mujer. Muy envidiosa. Muy acomplejada. Muy frustrada. Muy venenosa.
Y me dan ganas de tirármela, claro. A ella, o a la bebida, o al Prozac.
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Oct 12
El sex-shop en casa.
Siempre me he sentido más armónica entre personas que me llevan una o varias decenas de años, partiendo de la base de que no suelo encontrar armonía entre la especie humana. No hablo de esa tendencia natural de todos los adolescentes (etapa que se va alargando cada vez más) de querer apegarse a “los mayores” para que te cuenten los grandes misterios de la vida como la manera de comerse bien un coño, la forma de reconocer la buena farlopa y su relación calidad/precio o de qué hablar cuando hay que resultar interesante y culto. Yo, por gracias y desgracias vitales y una personalidad un poco extraña (por fortuna e infortuna), no siempre quise pero siempre acabé entre sábanas, brazos, humo de tabaco, costumbres, conversaciones y furias mayores.
Pese a que en la parte de mi vida que soy libre de elegir mi compañía siempre es sabia y arrugada (ambas premisas que no son siempre compartidas por la población de edad intermedia/madura, porque retrasados y abonados al cirujano plástico hay en cualquier estrato), en otras áreas debo y quiero sobrevivir entre mis iguales. Así, en la universidad comparto cafés y apuntes con veinteañeros entrañables que se mofan sin tregua de los puretas que me acompañan y yo, de su tierna ingenuidad resabiada. Así, sin disimulos. Nos reímos entre todos de nuestras mutuas cargas (benditas ambas) y a veces, reconozco, alguna ocurrencia me la llevo a casa para vacilar al que me espera con traje y corbata.
Todo esto viene a cuento porque el viernes comentamos en la cafetería, la mejor de las dependencias de la Universidad, lo complicado de poder tener juguetitos sexuales siendo una pareja joven que vive cada uno en su nidito paterno, con una madre fisgona y un padre autoritario, o indiscretos, o cualquier suponer que dificulte el libre flujo de dildos y otros.
Yo nunca tuve problemas para ello. No dejaba mis juguetitos sobre la mesa del comedor, pero sólo con guardarlos en un cajón estaban a salvo, y si mi madre daba con unos al robarme unas medias jamás hacía más referencia que “Rubia, te he cogido unas medias”. A pesar de que hubiera visto allí la mayor variedad fálica en divertidos colores y curiosas texturas que hubiera podido imaginar.
Aún así siempre he tirado, como pensaba que todos hacíamos, de un poquito de bricolaje cerdo. El viernes comenté algunos de estos sucedáneos a mis compañeros y me preguntaba si vosotros, queridos lectores Putalocura, condensación del frikismo, el ingenio y todo lo más cochino podríais recomendarme algo que se me escape.
Por lo que a mí respecta, creo que por muy tópico que sea no deja de ser efectivo el recurrir a los frutos de la huerta para armarse con buenos dildos de tamaños a elegir. Es importante que estén duritos y aconsejable que se enfunden con un condón por si acaso la zanahoria decide putearnos cuando el coño la está agarrando con más fiebre.
Para los más habilidosos, el dildo ideal versión doméstica pasa por el moldeamiento de un cirio. Sólo hay que ir dándole forma con un navajita, por ejemplo, y luego calentar las aristas y desniveles para suavizarlas con los dedos. Una polla con arte y a la carta.
Sin embargo, mi Dios de los dildos caseros lleva un previo de congelador, y es que el congelador es el gran amigo del calentamiento sexual. Supongo que lo de jugar con hielitos lo hemos hecho todos ¿no?. Si metéis un condón con agua (tamaño a elegir) al congelador tendréis un consolador helado. La sensación de una polla de hielo en el coño es sobrecogedora. La temperatura se va regulando poco a poco y el coñito se va entumeciendo. Se encoge de la misma manera que los pezones entran en guerra cuando un hielito les roza. El coño va templando la polla helada, y la polla helada enfriando el coño. Si el juego no se alarga demasiado y justo después una polla de carne caliente se aloja en ese coñito encogido la sensación es mayúscula para ambas partes.
-L., esto es como follarse a una muerta virgen.
Y lo es. O al menos yo me siento como una virgen muerta resucitando a golpe de polla viva palpitante en sangre.
Es importante que se lubrique bien la polla de hielo antes de meterla si no os gusta el S/m porque de lo contrario puede pegarse a la carne débil del interior del coñito y producir desgarros. El mejor lubricante es la mantequilla. Más respetuoso con la zona que cualquier body milk que podáis coger por casa, y además, no jode el sexo oral.
Con el congelador siempre podemos fabricarnos unas bolitas divertidas. Sólo hay que hacerse con una cubitera (y si no te va la caña, mejor que sea de las que hacen hielitos sin aristas) y pasar un cordón que quede a la mitad de los huequitos. A mí me apasionan estos juegos del frío.
Si queremos estimular zonas más concretas podemos innovar más allá de la presión del grifo del bidet y armarnos con un cepillo de dientes eléctrico, que vale para el clítoris y para el punto G, con un poquito de maniobra o mala hostia. El clítoris no es mi fuerte y no tengo más remedio que buscar ese Averno que tengo en su cara B. Las fibras del cepillo pueden sublimarnos a las más desviadas, pero mis amantes más angelicales han agradecido siempre un poquito de cinta aislante (bien impregnada, de nuevo, en mantequilla, si seguimos en el contexto bricomaniático) que desliza con suavidad rotatoria en el desenfreno de un orgasmo de andar por casa.
La aspiradora también puede dar mucho juego en la estimulación de los pezones y el clítoris, y existen versiones más adecuadas para las moderadas, como esas de mano que venden en la teletienda. Los que follan en coches pueden hacerse con uno de esos fraudes que se conectan al mechero. Y si el coche está ubicado en el monte y a la parejita le va la caña siempre pueden tirar por el bricosado natural. Es precioso, y muy alegórico a la naturaleza del BDSM, el azote con un bonito racimo de zarzas y bellas flores espinadas como pueden ser las rosas. Esta práctica, de la que nunca he oído hablar en la comunidad BDSM pero supongo que a alguien más se le habrá ocurrido, cubre además rangos variables de sumisión. Así, el golpe sin arrastre puede valer para los sumisos de menor nivel masoquista, y el golpe arrastrando el racimo puede llegar a ser brutal si se hace en la intensidad y velocidad adecuadas. Una delicia que con los posteriores cuidados oportunos y la delicadeza necesaria, no entraña ningún problema. Siguiendo con el bricosado, el jengibre en manos, el dentífrico o el Vis Vaporub son todo un espectáculo aplicados en el culito del esclavo. Arde.
Para juegos de pareja siempre podemos recurrir al oral con Peta-Zetas.
Y por último, y mi preferido en el terreno del onanismo bizarre: esos muñequitos que andan para dar patadas en el coño. Yo tengo a Epi y Blas.
¿Quién da más?
11 comentariosOct 7
A coger el cielo con las manos…
Todos los artistas tienen en común la experiencia de la distancia insondable que existe entre la obra de sus manos, por lograda que sea, y la perfección fulgurante de la belleza percibida en el fervor del momento creativo: lo que logran expresar en lo que pintan, esculpen o crean es sólo un tenue reflejo del esplendor que durante unos instantes ha brillado ante los ojos de su espíritu.
JUAN PABLO II
El fetichismo de manos es menos popular que el de pies, pero también tiene sus devotos admiradores. Yo no centralizo mi deseo en un solo elemento. Soy fetichista, sí, pero de varios módulos morbosos. Obsesivamente. Uno de ellos son las manos.
Como dijo el Difunto Padre, la obra de la mano por muy perfecta que fuere no llegará a lo sublime del espíritu que le transmite una orden motora tan humanamente escasa, limitada y torpe que es incapaz de reproducir lo supino del arte en puro.
Aún así, hay que adorarlas por ser un vehículo de ello y si no una reproducción, sí un reflejo. Una versión, que siempre es mejor que una copia. O un remake de algo invisible, que corre el riesgo de ser olvidado. Así que podemos decir que el arte viaja en miradas, en palabras o en manos. Manos que escriben guiones, dibujan storyboards, cómics, pintan óleos, acuarelas, modelan arcilla, esculpen mármol, sueldan hierro, arrancan arpegios, o…
Tocan. Coños. Suavecito, con un dedo tembloroso, aprendiz de agujas obscenas, que resbala por rajitas dispuestas. Se hunde, como un pincel en la paleta, nutriendo de flujos transparentes una yema que dibuja tempestades e impaciencias. Las manos también acarician muslos y nalgas a palma abierta. A veces, las golpean. En seco, como la bofetada de un cincel. Los dedos, muchas veces, soldados del ejército de una mano, dilatan culos vírgenes, o al menos, penitentes. Culitos sacros que se cierran y niegan penes de grosor grosero. Culitos que toleran la entrada de un dedito traicionero, seguido de otro oportunista, teloneros sin remedio de la polla renegada. Las manos, en muchas ocasiones, simplemente rozan. Peinan el vello fino de la mujer o el pelo frondoso del hombre con sutiles caricias que no tocan la piel pero la erizan con el movimiento de ese roce capilar. Y los poros se exaltan, y las manos pierden entonces la mesura, y la caricia se vuelve caliente. Las manos aprietan. También pellizcan. Pezones, o glandes, o clítoris, o cualquier protuberancia deseable que encuentren en su incesante expresión de tantas cosas.
De furia. De amor. De pasión. De terror. De pena. De compasión.
Son capaces de tanto y tan poco que comprenden en sí mismas la dicotomía de lo Divino.
Hay bellas manos. Un estandarte de manos bonitas es Santiago Segura. Sus manos no son demasiado grandes y están bien cuidadas. Son lisas. No son femeninas pero no tienen la rudeza de un leñador, tan apasionantes éstas por su violencia, pero no tan estéticas. Me he fijado mucho en sus manos en las películas u ocasiones en que he podido verle por televisión. Se me ha desviado con frecuencia la mirada hacia sus manos. Con Segura, mi fetichismo suele volverse rebelde porque la gafapasta también me pone cachonda, así que cuando veo alguna foto o imagen de este hombre voy desplazando pezones erectos y labios húmedos de la gafa a la mano y de la mano a la gafa. Un encanto especial para los fetichistas de manos que representa Santiago es su expresividad, casi teatral, de todo él, incluidas ellas. Todos conocemos sus gestos de showman. Esta foto, por ejemplo. Muy representativa de él. Aquí yo veo un dedito típico de calentamiento sexual convencional y un fisting salvaje. Al margen de sus poses, Segura tiene unas manos expresivas, que invitan, hospitalarias, a seguirlas en sus movimientos, y objetivamente bellas.
También hay manos bellas que no aparecen en rankings oficiales. Por ejemplo, las de Madonna, que han sido muy criticadas. No sé si por las manos en sí o porque son las manos de Madonna y cualquier cosa de Madonna es criticable. Lo cierto es que Madonna tiene unas manos blancas y venosas, algo cadavéricas. Elegantes hasta el extremo. Esas manos han tocado uno de los coños más deseados de la Historia desde que el Hombre es Hombre Que Desea Coños. El coño de una Virgen de nombre propio. Y también ha tocado pollas que todos quisiéramos saber y nunca sabremos. Pollas divinas, como sólo pueden serlo las pollas que toque esta Diosa. Los huesos de sus manos son abruptos. Algo así como el Cañón del Colorado. Si yo tuviera una vagina gigante, en vez de mi bebé coño, me masturbaría con el Gran Cañón. Como no puede ser, sólo me queda desear sus manos muertas estriadas por venas sin sangre (creo que a ella le debe correr veneno).
Las mías no son especialmente bonitas, pero también me arrancan arte. Cuando toco a mi marido sólo les amo a él, por lo evidente, y a ellas, por darme el modo de tocarle. Y torturarle. Y agarrarle. Y manipular su polla, su culo, su pelo y todo lo demás que puedo asir con ellas.
Y después hay manos que matan, como las de mi hombre, que son preciosas (como sus pies) y sanguinarias, siempre sedientas de arrebatarme sangre a base de golpes y filos de uñas. Y como ellas me matan y yo mato por ellas… voy a entregarme a una pequeña, fugaz y eterna muerte.
11 comentariosOct 4
Sadomasoquistas en el aeropuerto.
LLevábamos cada uno nuestro equipaje de mano. Sólo eran tres noches así que había que ser práctico. Tres noches de perversos dolores de la delicia sádica, claro, por lo que no podía faltar un atrezzo básico. Unas cadenitas, unas prensitas para los pezones, un látigo, algunas velas…
Nuestros caprichos de tortura hacían ganas entre camisetas y bragas.
Cogimos el vuelo en Bilbao y todo superó perfectamente el control del pikolo que allí ve pasar maletas y horas. Yo atravesé el arco llenita de mis pierchins, con tacones de metal y un sujetador de aros reforzados, ideal para mantener la teta en el lugar exacto que a mi marido le provoca.
Aterrizamos en Barcelona. Tres noches, y el látigo hizo música del aire y la carne abultada, y la cera pintó dos lienzos de gritos, y las prensas custodiaron pezones ansiosos y las cadenas apresaron los cuerpos rebeldes.
Cerramos nuestra estancia con una cena larga bañada, a lo tonto, por demasiado champagne y culminada, más a lo tonto, por vasitos de peché golosos y breves. Yo quería dormir la mona pero nuestros cuerpos, que se casaron antes que nuestras almas tan puras y decentes, no nos dieron tregua. Los orgasmos empezaron a confundirse con la resaca y nunca una resaca había sido tan placentera ni un orgasmo tan amargo.
Cuando nos dimos cuenta ya estábamos de nuevo en el aeropuerto, con ganas de llegar a casa a aplicar penitencia a tanto pecado condenando a descansar el cuerpo de tanta aberración excesiva. Y entonces comprendimos que…
EN EL AEROPUERTO DE BARCELONA NO SE PUEDE SER SADOMASOQUISTA.
Claro, que no me diga nadie que es la seguridad. No me lo creo. No es la primera vez que pasamos por allí con material que pueda someter a un piloto a una muerte (o petite mort, como dirían los franceses, dignos herederos de la sangre del gran Marqués) segura. Luego, en business, te dan un cuchillo para cortar el sandwich, o la yugular del Señor Conductor, o provocar una empalmada escandalosa en un marido un poco desviado.
Pero nos tocó un mal día. Un día de control de perversos. A mí casi me desnudan para pasar (porque soy irresistible), y la Señorita que me toqueteó entera me informó de que eran los aros de mi sujetador los que me limitaban la entrada. Cuando ya pensaba que me iba a tener que ir con la teta a su libre albedrío me dejó, por fin, irme corriendo con los tacones en la mano en busca del avión que me trajese a mi tierra tan liberada llena de terroristas malos de la ETA.
Por el camino vi a un pikolito que miraba enamorado las prensitas para los pezones mientras sujetaba un complejo de cadenas y mosquetones, que poco antes había sido un vestidito porno.
-Son muy divertidas.
Se lo dije con la mejor sonrisa que me permitía la resaca, pero creo, aún así, que ellos prefieren los electrodos, las toallas mojadas y las bolsas del Eroski.
Al fin embarcamos, armados con un par de aros reafirmantes debajo de mis dos espléndidas tetas asesinas y con la pena de no habernos acordado de comprar unas vengalas para el próximo derbi en San Mamés, que sí pasan los controles y son sádicas hasta el tercer grado.
18 comentariosOct 1
Fantasías, billetes y realidades con Andrea.
Edad del cliente: 22.
Nombre “artístico”: Andrea.
Nacionalidad: Española.
Edad: 22.
Dirección: Vino a mi hotel.
Teléfono: 672.13.13.59.
Horario: Llamadla.
Fecha de la experiencia: 27-IX-08
Tarifas: 100 una hora más el desplazamiento.
Duración del servicio: Sin cálculo.
Descripción física: Alta, gordita y pechugona (muy).
Fuma: Sí.
Vestimenta: Llegó de calle muy elegante con vestido largo.
Ambientación: Mi hotel.
Tatuajes: Unos cuantos.
¿Da besos/morreos?: Grandes morreos.
Francés: Si tomamos esto aplicado al coño, sí.
Griego: No.
Implicación: Se implica y da facilidades (juguetitos, propuestas…)
¿Chica recomendable (repetirías)?: La recomendaría a los puteros, pero yo me retiro del ambiente (por mí, no por ella).
Resumen experiencia:
Mi amor tenía la fantasía de verme con otra mujer. Yo, hembra consciente del zorrerío de mi género y celosa de lo mío con garra afilada, puño de acero, colmillo desgarrador, tirón del pelo o lo que se tercie, no quería ponerme en manos de cualquiera. Una tía sin tarifa no sería difícil que se encaprichase de mi amado (que es irresistible, la hostia…) y una puta me resultaba frío, siendo yo además inexperta en feudos de puterío.
Poco antes de volver a Barcelona, Torbe me presentó virtualmente a Aiko. Tras unas cuantas líneas intercambiadas en ese invento del diablo que es el Messenger decidí que ella podría ser la mujer que andaba buscando. Simpática y dispuesta, en sus fotos veía los pechos grandes que ponen caliente a ese ser depravado con el que comparto amor y cama. Además está tatuada y entiende de sado (aunque no lo practica en sus servicios). Se lo comenté y en todo momento se mostraba dispuesta y receptiva con mi idea de lo que quería.
Acordamos el precio, el día y la hora. Como instrucción, yo asumiría el rol de Dómina y ella se mostraría sumisa. No realiza este tipo de servicios, y como agradecimiento a la aceptación de este requisito ajeno a su trabajo, le prometí el mayor grado de erotismo y sensualidad, mucho tacto en el sado y hacerla disfrutar el máximo. Por otra parte, mi pareja sólo adquiriría un papel de observador. Ella tenía que olvidar su presencia.
La misma noche de nuestra llegada a Barcelona ambos estábamos nerviosos, yo más que él. Claro, no era su estreno. Mientras esperábamos a Andrea nos fuimos calentando y entre sus manos y mis nervios, mi cuerpo estaba absolutamente desbordado. Tuve que volver a ducharme porque mojaba sin pausa y no deseaba resultar antihigiénica a la primera caricia de Andrea.
Me puse unas medias negras de red con liga al muslo, un vestido de látex rojo y negro y unas sandalias de charol y taconazo. Y poco después me llamó para avisarme de que subía. Mi marido cogió posición en una segunda estancia de la habitación, con sofás y mesita. Yo esperaba ansiosa junto a la puerta temblando encima de los 14 centímetros de altura que me separaban de un suelo demasiado inestable.
Apareció Andrea, elegante y simpática, cercana desde el primer momento. En ese mismo segundo cruzamos manos (para pasarle los billetes, pues quería perder cuanto antes la consciencia de una transacción económica) y bocas en un morreo metálico.
Lo demás fue rodado. Le pedí que se desnudara cuanto antes, aunque cambié de opinión al descubrir un culotte de encaje transparente en negro. Así, y con unas medias de red sobre la rodilla, la sobé, recreándome en mirarla bien. Y no pude evitar también morderla. En ese momento cambié de opinión y decidí involucrar un poco a mi amor en el juego. Después de todo, aquello era para él, y las tetas de Andrea no son fáciles de encontrar. Le dije que se pusiera tras ella y la agarró de las tetas, mirándome, y me pareció tan precioso que me estremecí entera, ya metida de lleno en una situación de morbo a tres bandas.
La azoté en su culo grande sin una huella de celulitis. Esta zorra está dura. Le quité ya el precioso culotte porque me urgía tener el paso libre. Depilada. Un chichi kebab, de mujer, con sus labios desarrollados y abruptos. Un coño de mujer muy diferente a mi bebécoño. Un coño para estirar, y succionar, y remover e investigar.
Llené con la cera de una vela roja sus tetas enormes, rocié el cuerpo de mi marido de la misma pasión de fuego líquido y hasta yo misma acabé goteada en medio de mi ensoñación fetichista. Después, golpeé con una paleta de cuero la cera seca, y se fue desprendiendo de esas tetas ruborizadas por los golpes pero putas, erectas y atrevidas.
Quise un orgasmo y ella me lo dispuso con su boca y un estimulador de clítoris. Come bien la niña. Después le devolví el favor, y pedí a mi amor que mientras me follara. Así tuve el segundo orgasmo. Andrea estaba tumbada y yo le lamía la rajita a la vez que le ensartaba un dildo al mismo ritmo de las embestidas que, agarrándome de la cintura, me regalaba mi hombre. Tuve que dejar de lamer porque me faltaba el aire. Y llegó.
Estuvimos un rato hablando los tres sobre la cama fumando unos cigarros y después ella se fue, prometiéndonos ambas volver a vernos. Fue simpática y dispuesta. Gemía, pero no sé si disfrutó. Supongo que es la duda con la que nos quedamos todos. Ella fue la primera y también será la última (a no ser que demos con una trans que me motive o nos vayamos, por fin, a Tailandia). El morbo de pagar ya lo tengo cubierto, la fantasía de mi chico cumplida y la serendipia… no tiene precio.
Valoración final (lo mejor / lo peor): Lo mejor, su enorme disposición en su trabajo, sus tetas infinitas, su buen gusto para la lencería y su forma de besar (bocas y coños). Lo peor, un vibrador sin pilas.
30 comentariosSep 27
Pin-up Zombies.
En estas mujeres se unen dos de mis grandes pasiones: las pin-up y en género zombie. Sólo hace falta una buena mordaza de bola y un bondage que desgarre la carne no viva un poquito como para que no sean peligrosas pero no se desmembren… y una pipa cerca por si hay que disparar a la puta cabeza…
Estos días yo desaparezco. Tengo un cerebro que ir comiéndome a pedazos (además de otras carnes más accesibles) y una batalla que liberar para aguantar viva los próximas frenéticas jornadas libertinas. Pero antes quiero dejaros los deberes.
¿Qué le haríais a una chica en 20 segundos para conquistar un polvo de historia? Os contaré por qué pregunto…
Buen finde.
BRRRRRRAAAAAAAINSSSS, BRRRRRRRRRRRAAAAAAINNNSSSS………….
21 comentariosSep 24
BABY
Hace un par de semanas os contaba que la fiesta lésbica a la que acudí en Sildabia me trajo una Realidad mejorada de mi Fantasía a partir de los movimientos de serpiente de una stripper. El destino es tan caprichoso y la casualidad muchas veces tan reconfortante que volví a encontrarme con ella. Y ella volvió a bailarme. Se hace llamar Baby, y poco me importa como se llame en realidad porque a mí me gusta Baby bailando, Baby tocando, Baby provocando, Baby lamiendo… y X haciendo el desayuno no es Baby.
No suelo moverme demasiado por la vertiente gay de Bilbao La Nuit, y el viernes era la opción que menos entraba en mis planes, pero la insitencia de mi amiga Dakota por escapar de un ambiente borrokilla que ya la asfixiaba me llevó a meterla en uno de mis locales preferidos. El Enigma es un bar de bollos que queda en la calle Luis Iruarrizaga (la que no tiene salida junto al Bilborock, cruzando la ría desde el Casco Viejo). LLegamos, pedimos dos copas y yo rastreé el ambiente, que para mi fortuna se presentaba bastante ensalivable con unas chicas muy atractivas. Pero nada en comparación con ella.
La bollo más simpática de todo Bilbo (que no responde a mis intentos por llevármela al huerto) se me acercó.
-L., es una sopresa verte por aquí sin previo aviso, pero tengo una sorpresa mejor detrás de aquella puerta.
Me arrastró hacia una zona privada y me encontré con Baby en pelotas sonriéndome como una Ninfa de la Provocación y el Desnudo, con unos ojos muy dulces contrastando con el Infierno de su cuerpo y sonriéndome desde la voluptuosidad de sus labios. Muchas curvas para coger carretera en mi estado, sería una muerte segura. Podría entregar la vida por la sensualidad de un baile, que al igual que ella, como no pude acertar a decir algo diferente…
-Tienes que ser Pecado…
-De eso va la noche. - Y rió. Y os prometo que me la hubiera comido.
Me fui, y la copa me duró menos que la lucidez de pensamiento. Ya estaba en el camino del Vicio y con poca maniobra de retorno. Y ella salió y bailó con esta suculenta y atrevida morena que le metió la mano hasta el infinito, y Dakota sacaba como podía fotos (porque dice que no le gustan las mujeres pero a mí no me queda claro) y yo seguía absorta el balanceo de un culo que me había hablado.
Y Baby, pícara y vestida de Pecado, con esos cuernos y tanta dulzura, me guardó la mejor parte del show. Dakota captó el momento en que me daba su mano y su travesura del Averno y otros muchos momentos húmedos y calientes que no puedo incluir en este blog porque soy una persona demasiado identificable y mucho más reservada de mi intimidad que llamativa en mi estética (y es bastante).
Intercambio de webs, de teléfonos y de otras caricias, y ella corrió para actuar en otro sitio demasiado chic como para que una Underground como yo se atreva a plantar tacón por sus prestigiosos suelos. Alguna vez lo he hecho y me han asustado más los pijos a mí que yo a ellos.
Esa noche una mujer de revista (fue chica Playboy) fue Real, pero en todas mis noches siempre será una Diosa para un Sueño.
En su web hay mejores fotos, pero estas son de mi momento. Y mi momento ya tiene suficiente arte por sí mismo.
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