Afueras de Madrid. Macrodiscoteca. He venido con unos amigos veinteañeros. La gran pregunta es: ¿Qué hago yo aquí?
Demasiado tarde para plantearse nada. Ya estamos dentro. Hemos caído en una trampa en la que miles de personas se meten cada fin de semana voluntariamente. Y pagando.
La música, atronadora, lo envuelve todo…Imposible comunicarse.

Necesito beber. Debo llegar a la barra. Ánimo Ramiro, que no te entre el pánico.
El grupito de jóvenes risueños que me acompañan se sitúa en una barra atestada de otros seres similares a ellos. Todos bien apretujados. Ellos: 20 añitos. Yo: 36 años. Apurando, esta situación podría verse así: un padre enrollado saliendo de fiesta con su hijo y los amiguetes de éste. El papá es un borracho. Hace tiempo, el papá, dirigió cine porno. ¿Sí? Sí. Menudo pieza. Mírale ahora, parece hecho un verdadero lío. Déjale…es un viejo. Vamos a bailar y a comernos pastillitas de colores.

Pido un ron con red bull. Me lo bebo de un trago. Pido otro. Igual. El malestar vital sigue ahí.
-Rami, no bebas tan rápido.
-o.k -Hasta mis hijos me dan consejos, pienso.
Pido otra copa. bebo la mitad. Todo empieza a tener algo más de sentido.
-¿Tenéis farlopa?
-No. Eso ya no se lleva Rami.
-¿Y qué se lleva entonces?
-Cristal…o keta.
-Ah…paso.
Me viene entonces a la memoria una drag queen que conocí hace ya muchos años y con la que entablé una bonita amistad durante el rodaje de “Aberración”. Una noche, se sacó de su zapato de tacón una bolsita y esnifó con su larga uña rojísima un polvito blanco.
-¿Coca? Le pregunté-
-Nooo. Keta.
-¿Keta?
-sí…Ketamina, no paaasa nada.
No sé muy bien porqué pero esa frase “SÍ, KETAMINA, NO PAAASA NADA.” quedó grabada a fuego en mi cabeza. Quizás fuese la expresión de su rostro que pareció sacada de una de las primeras pelis de un Fassbinder desquiciado y colocadísimo…no sé. Más tarde, al final del rodaje de “aberración”, le di un papelito donde le hice repetir exactamente la misma situación…y la misma frase. Creo que es una de las secuencias más genuinas que jamás he grabado.

Bueno, el grupito de chiquillos se dispersa. Me quedo solo. Mi tercer cubata se acabó. Apuro los hielos…todavía tienen ron. No me conviene pedir más copas. Sobre todo por la pasta.
Empiezo a deambular por la macropista. Los juegos de luces estroboscópicas unidos al volumen demencial de la música y al ron, crean en mí la siguiente sensación: siento como si la muerte se me acercara sigilosamente: puedo “respirarla”. En mi cabeza aturdida se repite una frase, “la muerte te acecha en cada esquina”…”la muerte te acecha en cada esquina”…Piensa en otra cosa, por dios, me digo. De repente, me pongo a pensar en ella. Hace meses que no la veo…¿qué estará haciendo ahora? Qué mal lo hemos hecho todo…Se apodera de mí la punzante nostalgia. Una gigantesca y sucia vagina, la Melancolía, me absorbe como un pez abisal hambriento…y allí, dentro de sus entrañas vivas, observo aterrado las inmensas planicies del Hastío, del Tedio. Querido Baudelaire, yo sé bien qué es LA DESTRUCCIÓN. Te lo aseguro.

Me encuentro absorto en estos pensamientos cuando algo llama poderosamente mi atención. Se trata de un grupito de crías de unos 18 años…calculo. Su indumentaria no podría ser, de ninguna de las maneras, más provocativa y sexual. Destacan del resto de jóvenes que bailan a su alrededor. BRILLAN. Son cinco ninfas; cinco bellezas absolutas. Y cuando digo belleza absoluta…es BELLEZA ABSOLUTA. Me quedo petrificado. No puede ser. Una, dos…vale. ¡Pero cinco tías perfectas juntas!
Sus aterciopeladas melenas ondean al ritmo frenético de los movimientos de sus cabezas. Todas ellas poseen unos ojos enormes, de diferentes colores y matices. Con larguísimas pestañas de muñeca. Se miran las unas a las otras. Parecen ser conscientes de algo…que los demás ignoramos. Se tocan. Se besan. No puede ser. Cuatro de ellas lucen pechines altivos de colegiala. Una, sin embargo, ha desarrollado unas enormes tetas…que se adivinan turgentes bajo la minúscula camiseta. Los cinco culos son cinco maravillas, sin paliativos. Para qué engañarnos, a estas alturas mi polla parece un martillo pilón. Intento disimular poniendo mi camiseta por encima. Tengo una tremenda erección…de las que duelen.

Se van con un chaval de su edad, repleto de tatujes. Desaparecen en los servicios. Pasados unos 20 ó 30 minutos y una copa más, me decido y voy. Joder Rami, eres director de cine porno…no puedes ser tan tímido, me arengo a mí mismo. Entro en los servicios. Están vacíos, cosa rarísima. Sólo las 5 hermosas amigas. Me miran con desconfianza.
-¿quién eres?
-soy…ramiro Lapiedra…director de…cine porno…porno light, claro. Tipo playboy. Os interesaría participar en…
-Hola ramiro. No. No nos interesa en absoluto.
-…Pero…
-Somos Bacantes. Discípulas del dios Dioniso. Comemos la carne y bebemos la sangre de las víctimas que ofrecemos en sacrificio a nuestro dios…pero primero las vaciamos de esperma…follándolas hasta el delirio. ¿Te gustaría follarnos a las cinco, Ramiro?
-Venga va…Mi propuesta es muy seria…Podríais ganar mucho dinero…
-¡No nos interesan tus putas películas! ¿Quieres follar con las cinco…y luego morir?
-¿qué coño os habéis metido? Ya…cristal…ghb…qué juventud…
-Mira… -Y una de ellas abre de una patada la puerta de uno de los cagaderos.

…Lo que aparece ante mis ojos…El Horror…el Horror: el joven que les acompañó está sentado en el water completamente desnudo. A sus pies un gran charco de sangre. Trozos de su carne han sido arrancados…a mordiscos. Las cuencas de sus ojos están vacías. En un rincón del water, tirados entre mierda seca y papel higiénico veo sus gruesos cojones y su polla en estado de erección adornados con visceras y sangre coagulada…todavía hay esperma en el capullo. Vomito todo el ron con red bull sobre el inmundo cadáver.
Me recompongo como puedo, el instinto de supervivencia dirige cada uno de mis movimientos, la adrenalina se dispara cuando ves cercano el peligro. Avanzo hacia la salida sin mirar atrás. Una de ellas me detiene poniéndose frente a mí.
-Mira. -Y acaricia sus tiernos pezones rosados con un ojo humano…coloreándolos del intenso color rojo de la sangre fresca…
La aparto de un empujón y salgo de allí casi corriendo. Atrás escucho a las bellas desquiciadas asesinas riendo a carcajadas.
Mareadísimo, busco a mis amigos por la macropista. Finalmente doy con uno de ellos.
-Rami, tronco, has vuelto a beber demasiado.
-No, no es eso…bueno, sí…pero…
-Joder tío, venga vámonos.
- Sí, eso…vamonos de aquí YA.

Salgo fuera. Me apoyo en un coche del parking.

Sobre mi cabeza la oscura e infinita cúpula del firmamento aparece moteada por miles de estrellas…
Me trae a la memoria cuando nos llevaron en el cole de excursión al planetario. Envalentonado por la intimidad que creaba la sala sin luz y aquella cantidad de planetas, estrellas, constelaciones etc le propuse a una amiguita que me enseñase “lo suyo” y yo le enseñaría “lo mío”. Fuimos clandestinamente al baño. Una vez dentro mi compañera de clase, decididamente y sin titubeos, levantó su falda y bajó sus braguitas.

Me quedé observando fijamente su divina hendidura.
Su pequeña pero abultada ranura de carne y aquel olor a pipí que lo impregnó todo… produjeron en mi organismo más calor que si se hubiera tratado de la bola ardiente del mismísimo sol.
Sentí una súbita y brutal fiebre que se apoderaba de mí…
Me desmayé.