Estoy en la discoteca de turno con los amiguetes de turno…una vez más.
Me siento eufórico, fuera de mí mismo, bastante borracho.
Me he pasado el día tomando cafés con hielo y escribiendo. Ya por la noche, las cervezas me han subido más rápido que de costumbre: me encontraba histérico e hipersensible por el efecto de tanta cafeína. Hoy he vivido una de mis jornadas “de inspiración”: me sentía como un grueso gato castrado a punto de estallar. Por dentro el gato está repleto de luz, a rebosar. A través de las costillas deja escapar algunos rayos de intensa luz pura que ciegan a los transeúntes al cruzarse en su camino. Todos le rehuyen y le señalan con el dedo, al pobre minino.
Bueno, ya en la discoteca, mientras acaricio su cabello de terciopelo, su preciosa y frágil nuca algo sudada de tanto bailar, le susurro frases al oído que acuden atropelladas a mi mente, inspiradas por hordas de alegres demonios parlanchines achispados por el vino del Hades.

-”Lameré tus huesos, sorberé su dulce tuétano. Te penetraré para fecundarte siete veces y engendrar una nueva estirpe de semidioses ciegos en tu vientre que lucharán por dominar el mundo. Ahora eres un gran animal marino y yo una ballena blanca macho con un pene de dos metros en erección: regaré con mi esperma tu alma, alimentándola y dándole esperanza.
El brillo de tus azules y umbríos ojos, vastos cielos rasgados que anuncian tormenta, será el reflejo del Infierno donde mi ser entero sufrirá eternamente. ayúdame a experimentar el placer absoluto. A alcanzar el éxtasis. El horror. Quiero sentir…NECESITO SENTIR. “Qué sería yo si no conociera el placer extremo, si no conociera el extremo dolor”. Castígame con el suplicio chino de los cien pedazos. Corta primero mi lengua: te seguiré susurrando palabras de amor aunque es posible que cecée un poco; extrae del rostro mis enrojecidos globos oculares exhaustos ya de ser mudos testigos de tu belleza. O mejor, empieza sesgando mi polla de un tajo certero. Está dura. Utilízala si lo deseeas como cetro de mando. Tú, Diosa entre Diosas…¡Bendita puta!

Eclipsas al astro Rey. Como él nos ofreces cada día tu luz y tu calor…pero mucho más intensos. Al hablar escupes llamaradas de fuego puro…junto a exquisitas notas musicales. Tu aliento lo deja todo carbonizado a su alrededor. Si tocas algo, lo conviertes en oro. Si miras a los ojos de alguien, quedará petrificado al instante. ¡Anda! Adelante, ¡Muéstranos de lo que eres capaz! Lo estamos esperando: Baila, bebe, ríe, grita…contorsiónate como una lombriz epileptoide en medio de la pista, rodeada de brutos, de idiotas metazoicos con largos brazos que barren el suelo, babeando hilillos de sangre y llorando lágrimas de pus al admirarte. Písanos, aplástanos a todos con tus cien tacones de hecatónquiro salvaje. Devora de un mordisco el cartílago de los camareros, porteros y relaciones públicas de la maldita discoteca…NO DEJES A NADIE CON VIDA. Tú has estado aquí…y ya nada será igual.”

Cuando callo un poco para tomar aliento, me corta.
-”Estás loco, Ramiro.·”
-”SÍ: “El EROTISMO es ser conscientes de que hacemos EL MAL.”
-”Anda pídeme una copa.”

Mientras me dirijo a la barra, me pregunto qué querrá beber. ¿Whisky, ron, ginebra, cerveza, cerveza negra, cerveza sin, zumos, no se preocupe señorita, tenemos de papaya, de mango, de chirimoya, de cereza, de fruta de la pasión, de rambután, de melón enano, de lichis…O ¿prefiere usted una copa de flujo menstrual de jovencita virgen recién bañada en leche de cabra? ¿Una copita de cerebro licuado de mandril? ¿O una copa de semen de gorila en peligro de extinción? ¿Un caldito procedente del hígado inflamado de un enfermo de cirrosis? ¿O tal vez una copa de saliva excretada por cientos de miles de millones de perros famélicos, mantenidos a pan y agua durante largas semanas? Con el fin de ofrecerle un manjar exquisito les hemos hecho pasar hambre… ¡Ordena! Pide por esa linda boquita: yo obedeceré.

Ya en la barra pido chupitos de tequila para todos. El camarero me lanza una mirada de desconfianza…Ramiro Lapiedra: el borracho; Ramiro Lapiedra: erotómano desquiciado; Ramiro Lapiedra: carne de cañón; Ramiro Lapiedra: traficante de marfil; gigoló…de octogenarias; espía soviético artista en el arte del disfraz; conspirador incansable contra la moral establecida ¡Epatter le bourgois, toujours!; Ramiro Lapiedra: perdedor empedernido..un .indeseable…un…

-”Te falta el parche en el ojo y la pata de palo, ¡pirata!”.
Me ha dicho mi gran amigo y el mejor RRPP de Madrid, Juan Navarro, al verme entrar en la disco rodeado de frescas vaginas. No. No me considero un pirata. Padezco claustrofobia y me da miedo la profundidad del océano. Además no soy hábil en el uso de la daga ni del mosquetón. Simplemente intento sobrevivir a mis deseos. soy débil. Pero lucho. Más bien soy un vietnamita corriendo enloquecido de un lado a otro de la selva mientras todo arde y se desintegra a su alrededor envuelto en napalm. De vez en cuando disparo una ráfaga al aire con mi metralleta. Por si acaso. Que sepan que voy armado. Luego me vuelvo a esconder entre la maleza y me mimetizo con las bestias oriundas, pero asomo la cabecita amarilla para observar con mis ojos rasgados y alucinados el sublime espectáculo de la jungla en llamas. Me aterroriza…pero me fascina.

Una horas más tarde, al dirigirnos al after en la furgo de Dani, todo se quema a mi alrededor…la gente chilla y huye desesperada por las calles al amanecer. Beso su cuello. Ella se deja querer. Acaricio tembloroso sus turgentes pechos sobre la suave tela de su vestidito negro. Nos envuelve el hipnótico tracatá del vehículo. Los pezones se disparan como si hubiese sonado una alarma de incendios: duros clavos de carne entre mis dedos. Coloco su mano en mi paquete para que perciba el efecto que produce el tacto de su piel en mi organismo. Al tocarme aprieta instintivamente con su frágil mano mi miembro de cachalote, tieso y a punto de explotar. Se le escapa una especie de suspiro o gemido, lo que hace que mi polla crezca todavía unos cuantos centímetros…más. Recorro con mi mano sus piernas hasta llegar a sus braguitas, su abundante vello púbico crea un bulto de espesa maleza morena, nada puede excitarme más que esto: el pelo que protege y adorna determinadas zonas de la anatomía de las hembras. Acaricio su raja por encima de la tela hasta que oso apartar un poco la braguita y las llemas de mis dedos rozan la velluda y húmeda hendidura sagrada.
Frenazo. Hemos llegado al puto afterhours. Mientras todos bajamos de la furgo olisqueo mis dedos: me pongo TAN cachondo que me mareo.

-”Daría lo que fuera por clavartela ahora mismo hasta las entrañas….”. Pienso.
En el interior del after todo se diluye como una acuarela en el horno. Los zombis bamboléan sus cuerpos sin vida a un ritmo cansino y somñoliento, casi mecánico. Beben y se drogan sin ton ni son. Huele a podredumbre aquí dentro. A pegajosa muerte. El grupo se separa.
Una transexual amiga mía insiste en invitarme a una raya de coca. En los afters la farlopa es de calidad pésima. Te rompe las mucosas nasales y suele provocarte el vómito…pero bueno.
Entramos en el diminuto baño. Apesta a mierda fresca. Recién cagada. La trans pone todo su empeño en delinear un par de tiros en su cartera de piel. Entonces, empiezo a acariciar su voluminoso culo siliconado. No rechista. Llevo un terrible calentón desde la discoteca. Agarro sus tetas gigantes. YA NO HAY VUELTA ATRÁS. “Blanditas y naturales”. Pienso. “Debe haberse operado hace ya largos años”. Esnifa y deja la cartera en la taza del water. Está cachonda como una mona. Murmura algo. -”Cállate”, le digo. No hay tiempo que perder o el portero se mosqueará. Me saco el rabo tieso como un palo de golf y coloco al lascivo monstruo contra la pared. Le bajo los pantalones para poder admirar su culo de carne y goma desnudo: es perfecto. Le golpeo una y otra vez el culete con mi polla como si fuera un leñador atormentado luchando contra un árbol centenario. Ordeño sus ubres artificiales. -”Métemela, Rami.”, Dice. Ni de coña, pienso. -”Hoy no, cielo.”, le digo. Tres o cuatro martillazos más en su glorioso culo y ¡Zas! me corro como una hiena joven en época de celo. Lo curioso es que va y me suelta: -”Te has corrido…eres un guarro”. Y lo dice totalmente convencida de que soy un marrano sin escrúpulos por haber eyaculado en su trasero. No entiendo nada. Mundo rarito,sí. Realizo una ágil genuflexión y esnifo mi raya. Voilá! Gran error. Me tiemblan las rodillas. Salgo mareadísimo del baño. Todo da vueltas. La gentuza del after comienza a adquirir tintes grotescos, monstruosos, como si me hallase inmerso en una pintura negra de Goya.

Subo al trote las escaleras del antro que me separan de la luz del día. Ya en la calle vomito sintiendo el fresco rocío de la mañana en mi piel.
_”¿Ya estamos, Jamiro?” Me dice pronunciando así mi nombre uno de los porteros, un árabe gigantesco con el que he vivido algunas aventuras canallas en algunas noches sin fin.
-”Ya ves tío. Me voy a casa.”.
-”Harás bien.”
-”Hasta otra.”
-”Hasta otra.”