Salgo de casa corriendo.

María me tira el cepillo de dientes, mis cuadernos y otros enseres personales por el hueco de las escaleras. Me escupe en la cabeza.
Anoche en “Oz Teatro”, rodeado de bailarinas, mafiosos y putas caras, le prometí ante mi hermano Esteban que no me divorciaría, tras una más que persistente insistencia.
-“No firmaré ese maldito divorcio mi amor”.
Esto le hizo tanta ilusión que mostró alegremente a la concurrencia las tetas y el culo, poniendo tiesa más de una polla, claro.
Cuando una puta se empeñó en que María era “sólo suya” y comenzaron a besarse y magrearse, yo me refugié en un gintonic servido en copa grande y me incorporé a la conversación de Esteban con los capos sobre pilotaje de aviones y construcción de viviendas por todo el planeta.
La gente habla de invertir miles de millones de euros con una tranquilidad pasmosa. Yo ni siquiera sabía si me llegaría para pagar las copas… pero me sentía henchido, pletórico, rico en ideas, proyectos, ambiciones, ilusiones, sueños…

Grandes guiones, películas que cambiarían la Historia del cine, libros que anunciarían una “Nueva Literatura”, cuentos inmejorables, cortometrajes metafílmicos se gestan y desarrollan CADA DÍA en mi cabeza. “¡Plásmalos Ramiro!” “ ¡Pónlos en papel!” Me dice la gente que me rodea.
Poco a poco: todo llegará.
Tranquilos, no sufráis por mí. No soy millonario…TODAVÍA.
Mientras tanto me alimento de la energía que me proporciona el sol cada mañana.
Deambulo por las callejuelas de Madrid, arterias obstruidas y sucias, absorbiendo luz y calor como un lagarto enfermo.
Podría, si me empeño, aprender a lanzar rayos de luz solar a través de mis ojos. Como Zeus, Dios de Dioses. Convertir tus ojos en armas que arrojen llamas ardiendo no puede ser tan difícil. Tan sólo es cuestión de práctica.
Pronto engendraré un hijo en mi pierna. Dentro del músculo del cuádriceps. Nacerá poderoso como un Dios y fuerte como un Titán. Irradiará luz. Vomitará fuego.
Bien, volvamos a la firma del divorcio.
He escapado a las iras de Medusa. Era consciente al bajar de cuatro en cuatro las escaleras de que si se me ocurría volverme a mirarla, quedaría inmediatamente petrificado…como un argonauta.
Ahora estoy en el juzgado y aparece el procurador. Un tipo de estatura media tirando a muy baja. Me orece su mano ceremoniosamente. Antes de poder estrechársela me disculpo y voy al servicio a vomitar. Vomito durante diez minutos. Anoche se me fue la mano con el gintonic en copa grande. Me lavo la cara con abundante agua fría y salgo dispuesto a enfrentarme a la realidad. El procurador me contempla como debe hacerlo con los mandriles en el zoológico: como a un ser de otra especie.
Van diciendo nombres. Todos están allí para firmar el divorcio. Seguro que ninguno ama más que nunca a su mujer. Ramiro´s way of life…
Dicen mi nombre y apellidos. Paso dentro con el enano, que abre la marcha apuesto y decidido. Una señora de unos sesenta años morena de uvas con una camiseta Dolce y Gabana ajustada y estampada con purpurina y brillantitos, que chirría en sus ajadas carnes, comienza a soltarme un rollo tremebundo. Os juro que no podría repetir ni una sola palabra. Estoy en otro mundo. Me vuelven las temidas arcadas. Firmo todos los papeles que la vieja víctima de la moda planta ante mis narices y salgo cagando hostias sin despedirme de nadie. Vuelvo a vomitar en los servicios.
Salgo de los juzgados mareadísimo. Me llama Esteban.
-Te estamos esperando para comer. ¿¡Vienes o qué!?
-No. Me encuentro fatal. Me voy a dormir.
-¡Eres un malqueda! ¡Como siempre!
Me cuelga. MI amigo Esteban siempre se siente decepcionado por mí, de una u otra manera. Es mi hermano chatarrero millonario y le quiero sinceramente. Pero…tengo que tumbarme o caeré redondo en la puta calle.
Llego a casa de Dani. Me abre preocupado. Me derrumbo en la cama de su habitación y dejo las explicaciones para otro momento. Mi amigo Dani es otro que me aguanta carros y carretas.
Me despierto. Han pasado dos horitas. Me encuentro mejor. Llamo a María. No coge. Insisto. No coge. Llamo a esteban. Coge.
-¿Qué tal? ¿Sigues en el restaurante?
-Sí…ha venido María.
-¿¡Qué!?
-Hermano, me llamó llorando porque te divorciabas…¿Qué querías que hiciera?
-Voy volando. ESPERADME.
Comienza el reconcome en mis entrañas. Los nervios. Los celos. La angustia.
“Ni contigo ni sin ti mis penas tienen remedio”. Es la mejor frase hecha que jamás se haya creado.
Invierto todos mis ahorros en un taxi y me dirijo al restaurante.
Esteban me espera fuera.
-¿Por qué has firmado el divorcio?
-Porque lo querían así las familias y era lo correcto después del lío que armamos.
-Pues la chiquilla está llorando como una magdalena. Al decir esto pone especial énfasis en la g: maGdalena.
Bajamos unas escaleras hasta el reservado.
Allí me encuentro a María con dos amigos de Esteban.

Uno de los amigos de Esteban es gigante.

Se parece peligrosamente al supervillano Kingpin, enemigo de Spiderman.
Le pide un puro a la camarera.

-Este puro está húmedo. No sirve. Lo tenéis a la temperatura incorrecta. Ahora subo y os lo regulo.

El otro tipo actúa con los aires y las formas de un patriarca gitano, quizás lo sea.

Me sería difícil conseguir en un casting a dos personas con pinta más chunga, más dura.

María ni siquiera gira su bello cuello de cisne para mirarme. Me ignora.

Han terminado de comer toneladas de marisco vivo y otras criaturas marinas y ahora tienen la mesa repleta de licores y vino blanco del caro.

María está algo piripi.

Sus mejillas arreboladas traducen al idioma de la carne símbolos de una belleza pura y arcaica, muy anteriores a ningún lenguaje humano conocido.

Comienza el juego… Se nota que llevan bastante rato poniéndome a parir.

-¿Cómo te atreves a hacer algo así chaval?

Suelta a bocajarro el patriarca

-¿Algo como qué?

-Divorciarte de una hembra como ésta.

-…ya ves.

-¿Ya ves? No te la mereces. ¡Una cría de veintidós añitos! ¿Qué edad tienes tú?

-Treintaiséis.

-¡Joder! Y vas y firmas esa mierda de divorcio…Y la cría llorando.

Me maravilla la confianza con la que se dirige a mí.

-Todo tiene una explicación . Es una historia muy larga.

Me aventuro a decir.

-¿Qué quieres beber? Dice en un tono más conciliador Kingpin.

-Cerveza.

-No. Tómate un whisky.

-No, no. Cerveza porfavor.

-Tráele una cerveza al joven.

Dice a la camarera expectante y sólo para nosotros en el reservado que parece una cueva lóbrega donde hibernara un Dragón. Ella sube presta a por mi cerveza.

-Tú qué bebes, preciosa.

-…No sé.

Duda María.

-No bebas más.

Digo yo.

-¡¡¡¡¡Déjala que haga lo que quiera joder!!!!!

Grita el patriarca con el rostro inyectado en sangre.

-Quiero Baillys.

La camarera ha vuelto y me sirve la cerveza a la cual me aferro como lo haría un náufrago a un trozo de madera a la deriva en un océano embravecido e infestado de tiburones. Le doy un largo trago y me bebo la mitad.

-La joven divorciada tomará un Baillys.

Dice Kingpin.

-Lo siento, no nos queda.

-Que salgan a comprar una botella inmediatamente.

La camarera desaparece.

Kingpin sirve una generosa ración de vino blanco a María, que se lo mete al gaznate de un solo trago. Vuelve a llenarle la copa.

-¿Tienes satisfecha a tu hembra?

Dice el patriarca volviendo al ataque.

-¿Qué?

¡Si la follas como Dios manda muchacho!

-Está usted borracho.

-¡No! Sólo te hablo sincera y directamente porque NO ENTIENDO CÓMO ABANDONAS A ESTA CRÍA TAN BONITA…

-enséñanos las tetas.

Suelta Esteban de repente.

-Ramiro dice que son PERFECTAS.

-No sé…

María se hace la remolona.

-Venga joder. No vas a ser tímida con nosotros a estas alturas.

Dice el patriarca.

La tensión sexual que emanan estas tres bestias en celo puede palparse y olerse en el interior de la maldita cueva tenebrosa.

María se decide y enseña las tetas: enormes ubres albinas y surcadas por venas azules como pequeñas culebras borrachas. Los magníficos pechos iluminan toda la estancia. Aportan oxígeno al aire irrespirable del zulo. Sus rosados y gruesos pezones se endurecen al instante al sentir cómo se clavan en ellos las escrutadoras miradas de esos tres toros de lidia borrachos y enloquecidos.

La situación es deprimente hasta chillar basta.

Pasado un rato de tensión, la cosa se calma un poco.

Kingpin ha sido productor de cine durante un tiempo y entabla una charla conmigo sobre mis películas. Parece ser que le gustan mucho. Ha producido algunos films de Jess Franco, al que admiro.

-Muchos distribuidores se han forrado con tus películas chaval…y tú pareces un vagabundo.

_Es cierto, qué injusticia.

Le digo yo, ya muy animado por tantas cervezas.

María osa mirarme al fin. Incluso nos damos un besito. Sabe que soy su único aliado ahí dentro. Me ama. La amo.

-Ahora que os habéis reconciliado por qué no os dáis unos besos y os tocáis un poco aquí delante nuestro.

El patriarca se levanta enfurecido por los ríos de vino que recorren su cuerpo y coloca dos sillas frente a la mesa. Me recuerda bastante a la actitud de los jefes nazis sádicos de Pasolini en Saló.

-Ni de coña.

Digo

-Olvídate.

Insisto.

-Anda, al menos daros un beso…PERO DE VERDAD…si yo tuviera una hembra así…

María se acerca y me da un largo beso. Cierro los ojos. Noto su cálida y larguísima lengua dentro de mí. Son unos segundos de oasis en un desierto de despropósitos.

-Ahora voy a escribir un papel donde te comprometerás a retractarte de tu puto divorcio.

El patriarca pide papel a la camarera, saca una pluma de oro, lo escribe y me lo pasa.

El texto está plagado de faltas de ortografía. Lo firmo como un autómata enfermo. Quiero irme de aquí. NECESITO irme de aquí. Empiezo a tener de nuevo arcadas.

-Vámonos.

Le digo a María.

-Vale.

Me responde. Debe verme la cara de desesperación absoluta.

-Te espero fuera. Hasta luego señores. Hasta luego Esteban.

Salgo a la calle.
Respiro profundamente. La luz me deslumbra tras horas metido en ese sótano maldito. Madrid sigue su curso. Inmutable. Todavía retumban en mis oídos los gritos del viejo gitano borracho. El alcohol corre por mi organismo como un caballo loco, no estoy acostumbrado a beber de día.

Bajo la furiosa esfera de fuego del sol caen cataratas de sangre procedentes del miembro castrado de Urano que engendrarán muerte, locura, miseria y desesperación.

No hay escapatoria para mí.

No hay escapatoria para nadie.