HOSTIONES DE MENTIRIJILLAS
Vagabundeando ayer por calles y plazas de Madrid, me tropecé con un puñado de instalaciones que representaban de forma hiperrealista accidentes de tráfico: coches aplastados de los que habÃan retirado ya los cadáveres, aunque no los objetos personales de las vÃctimas. A simple vista, parecÃa obra de algún artista loco con demasiadas (y mal digeridas) lecturas de Ballard. Pero luego me fijé en los carteles y caà en la cuenta de que es la última (y más extrema) campaña de la DGT para concienciar a los viandantes de que usen el cinturón de seguridad cuando se monten en sus coches-que-chocan.

Crash: la hostia en coche como una de las feas artes.
Vi la primera instalación-hostia frente al Palacio Real y, después, fui encontrándome otras en la Plaza Mayor, Sol, Moncloa, Goya… Las và como pequeñas obras maestras del arte propagandÃstico, como guindas de metal para una ciudad tan gris, apocalÃptica y postindustrial como Madrid. Lejos de asustarse, las familias que pasaban por allÃ, que, parecÃan encantadas con el espectáculo de hierros retorcidos, objetos machacados, cristales rotos, morros de coche aplastados como acordeones… Los niños y los no tan niños se subÃan a los podios donde se hallaban las reproducciones y correteaban entre los simulacros, finalmente, tras varios cortes y lesiones, la DGT tuvo que poner matones en sus “obras” para proteger a los peatones de los falsos accidentes… y viceversa.

Los niños se lo pasaron pipa con los accidentes.
No sé, me da la impresión de que la DGT no ha conseguido asustar ni a las abuelas. Y es que la gente encanece con los muertos por el terrorismo, la guerra, el tabaco y otros inventos, pero ya ve los accidentes como la hostia nuestra de cada dÃa. No hay forma de evitarlos y crean cierto encanto morboso: no sé si por la erótica de la autodestrucción, fruto de la sumisión/fusión con la máquina infernal o porque son algo doméstico, cercano, que forma parte del simulacro este al que llaman “vida libre en democracia”. Pero, aunque le intenten echar la culpa al conductor por emborracharse, drogarse o no ponerse el cinturón, el coche sigue siendo humo y choques, el medio de transporte más inseguro y peligroso que existe. Porque es asà y no hay más. La única solución que habrÃa para acabar con el problema de los accidentes de tráfico serÃa hacer como los irakÃs: quemar los coches o hacer bombas con ellos. Lo demás forma parte del espectáculo, del inútil, frágil y absurdo (pero bonito) espectáculo de la cultura occidental.

No es otra instalación de la DGT. Son coches quemados en Irak.
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