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CHARLES BRONSON: CIUDAD VIOLENTA

Publicado el Lunes, 24 de Marzo de 2008 por dildo

El domingo pasado, vagabundeando por el Rastro, volví a dar con mis huesos en El Duende, una tienda de vídeos donde venden un montón de morralla en VHS entre la que siempre se encuentra alguna joya, cual flor entre la basura. Tienen poco espacio para el cine “comercial” (sólo en la parte de la entrada), porque el 80% de la tienda está dedicado al porno de ayer y hoy, en video y DVD. Pero es bueno pasarse por ahí de Pascuas a Ramos, porque, a poco que escarbes, siempre pillas algo interesante.
el ojo de bronson o la vagina de jill?
El ambiente de El Duende es singular, por lo agitanado y tombolero: viejos verdes, gitanos, pornófilos de vieja guardia, macarras y todo tipo de personajes que parecen sacados de filmes de Ozores (de los setenta) pululan por allí como Perico por su casa, hablando por los codos y a voz en grito de guarrería española, política barata o cine (X o comercial) y muchas veces hasta hay niños (los diabólicos sobrinitos de los dueños o de algún cliente) trasteando entre las polvorientas y vetustas cintas de VHS (X o comercial). Bueno, el caso es que el domingo pasado me topé con una pinícula que desconocía: CIUDAD VIOLENTA.
portadon
De entrada, parecía un filme cutre de Charles Bronson, pero, al darle la vuelta a la mugrienta carátula, descubrí unas palabras irresistibles: sí, fue el argumento lo que me decidió a comprar aquella cinta:
brutal
Lo primero que me llamó la atención fue que, sin ningún sentido del decoro, la carátula destripaba el argumento de cabo a rabo, sin cortarse: así era el videoclub en los 80: sin mariconadas. No, aún no se había inventado el dichoso Spoiler (neologismo que aborrezco y jamás utilizo: con lo bonita que es la palabra “aguafiestas”…). Y el caso es que fue precisamente el final lo que me animó a comprarla: un guión sin happy end, en el que muere hasta el apuntador, es difícil que de lugar a algo mediocre. Además, siendo como soy fan de Fríamente… sin motivos personales (la obra maestra de Charles), intuí por el argumento que aquí había un personaje parecido al que aparecía en la citada peli: un asesino a sueldo individualista y rebelde. Como guinda, ví que el coprotagonista era el gran Telly “Kojak” Savalas. Así que, nada, pagué el miserable euro que costaba y me llevé a mi sancta sanctorum aquella cinta llena de polvo y roña.
k le den al DVD
Confieso que soy un fetichista del VHS: me encanta la cinta en sí (no sólo como fan de Videodrome, es que me parece que tiene más encanto que el aséptico DVD, es más orgánica), la imagen sucia, los rayajos, el ruidito que hace al rebobinar, los trailers de la época, el no tener opción a tragarte “extras” absurdos: es un poco el equivalente audiovisual al cassette musical (el vinilo sería, por supuesto, la cámara de super 8 o de 16 mm.). Hay ciertas películas, como las de Bronson, que molan más en VHS: es como un flashback a los 80 aunque, a todo esto, a pesar de estar editada en video en los 80, la película esta, Ciudad violenta, es de 1970, una coproducción franco italiana dirigida por un tal Sergio Sollima que, al parecer, es un tipo curtido en el spaghetti western y en el cine de acción de medio presupuesto, que también dirigió la exitosa serie Sandokán. La banda sonora de este filme es de lujo, firmada por Ennio Morricone: al parecer es una pieza de coleccionista.
la beseon
La peli en sí mola: no es ni tan buena como “Fríamente” ni tan mala como las últimas secuelas de la saga “Yo soy la justicia”. Está en término medio, aunque es desigual. Eso sí, empieza muy bien, con una brillante y vertiginosa persecución automovilística por un pueblo de estrechas y desiertas callejuelas.
persecucion antologica
Y también acaba muy bien (o sea, muy mal), con Bronson matando a su novia traidora y a su antiguo colega de una manera muy rebuscada: les dispara cuatro inmaculados tiros con un rifle de mira telescópica, desde el edificio de enfrente, mientras ellos suben en un arcaico ascensor de cristal. La escena es realmente soberbia, de lo mejor que he visto en el género. Mola cuando se carga a la novia de un tiro en la cabeza y se abre el ascensor donde su comité de empresa la espera, ese plano es magistral, con la cabeza de ella y las compuertas abriéndose y dejando ver la anonadada gente al fondo:
plano del jirolo
El resto de la película es floja, algo aburrida, con poca acción, muchos altibajos y escenas de cama completamente acartonadas entre Bronson y Jill Ireland (una rubia flacucha con caraputa muy 70″s que a mí, personalmente, no me dice nada, pero que a Bronson le encantaba: de hecho estuvo casado con ella y tuvieron una hija juntos… hasta que Jill murió de cáncer de mama y Bronson se sumió durante años en una profunda depresión).
bronson y señora
Mola el reencuentro entre la chica y Bronson (hablamos, de nuevo, de la pinícula) después de la primera traición: él arroja un regalo de ella a la chimenea, le da un hostión en la cara que la tira sobre el catre, le abre el vestido y se la folla: todo ello sin mover ni un músculo de la cara. Y ella encantada de la vida, a cien. Eso sí: los ratos de cama son siempre interrumpidos por peleas, tiros o alguien que quiere matar a Bronson. Por eso, se produce este socarrón diálogo entre Jill y Charles:
Jill: -¿Por qué siempre que estoy contigo todo tiene que acabar en sangre y en violencia?
Bronson: -Porque aunque toda la ciudad rebosa sangre y violencia, sólo la adviertes a mi lado.
socarron
Una escena que me arrancó carcajadas, aunque supongo que en su día impresionaba, fue la de la celda: Bronson está encarcelado con dos crápulas y le quita de encima a uno de ellos una venenosísima araña peluda y grande como una piña (que se ve a la legua que es de juguete), y luego la deja pasear por entre sus piernas y por su mano, impasible, para demostrar la sangre de horchata y la dureza del personaje. Ahora me pregunto: ¿la araña es una tosca y misógina metáfora del personaje femenino de la pinícula?
sangre fria
También es gracioso el corto diálogo entre Bronson y Telly “Kojak” Savalas (que hace de capo mafioso), cuando el primero llega para matarlo:
Bronson: -Traigo noticias para tí.
Kojak: -¿De qué clase?
Bronson: -De la columna de defunciones.
kojak con gafas
Al final, tras cargarse a todos sus enemigos, Bronson, cabizbajo, se queda sentado en la azotea desde la que disparó. Todo ha terminado y ha cumplido su venganza; ahora sólo queda esperar el fin: la vida carece de sentido sin la chica. Como diría Julio: “Por el amor de una mujer, jugué con fuego sin saber que era yo quien me quemaba…”
francotirador 70’s
La policía sube y acorrala a Bronson, pero a él ya se la suda todo y quiere que lo maten. En ese momento, el actor con la cara de piedra está inmenso, en su registro más samurai. Un poli novato lo encañona tembloroso y Bronson, impasible como siempre, le dice: “Dispara”. Y el poli tiembla y no dice nada. Y Bronson: “Debes de ser imbécil”. Y el poli nada, no reacciona. Y Bronson: “Si no me disparas tendré que matarte” y empuña su rifle con mira telescópica. Y el poli lo acribilla, claro, con una ráfaga de nerviosos tiros. Y así termina la película, sin más. “El samurai nace para morir. La muerte, pues, no es una maldición a evitar, sino el fin natural de toda vida”, dice el código Bushido.
o sea, the end
La cámara se aleja, dejándonos con las espantosas vistas de una ciudad que se supone que es Nueva York (de hecho, salen las torres gemelas en la carátula) pero que, por su suciedad y cutrez, parece alguna pequeña urbe italiana. Una de esas urbes decadentes y viscosas en la que no hay buenos ni malos, sólo muertos y supervivientes.

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NOSOTROS SOMOS LOS MONSTRUOS

Publicado el Jueves, 7 de Febrero de 2008 por dildo

“Los desórdenes parciales no pueden no ser, puesto que son elementos necesarios del orden total; pero, a pesar de ello, una época de desorden es, en sí misma, comparable a una monstruosidad“.
René Guénon.
ejemplo de ciudad monstruosa
(NOTA: si aún no has visto “Monstruoso” y tienes intención de ir a verla, no sigas leyendo porque te la destripo).
Era una de esas tardes tontas, deprimentes, perdidas, en las que el cerebro sólo quiere huir. Al enterarme de que, en un cine cercano a mi santa sanctorum, echaban una pinícula llamada Monstruoso“, ahí fui, como alma que lleva un alien: fuera lo que fuera, ese título no podía esconder algo flojo, sobre todo si estaba impreso en un irresistible cartel en el que salía la Estatua de la Libertad decapitada.
bonita estampa…
Y, aunque voy al cine cuatro veces al año y, de esas cuatro, tres salgo despotricando, juro que esta vez no me arrepentí: aquello era un estimulante experimento de cine hiperrealista, con atronador sonido Dolby, avalado por el productor de Perdidos“, y protagonizado por un primo de Cthulhu que decide poner Nueva York patas arriba y, ya de paso, merendarse a los neoyorquinos con la misma alegría con la que yo devoro palomitas.
Narrada en plan porno gonzo (o sea, que el protagonista graba la acción a tiempo real, cámara en mano) “Monstruoso” es como “Rec”, “Open water”, “My Little Eye” o “Turistas”, pero a lo bestia: porque esto no es un insignificante naufragio parejil en alta mar o una doméstica epidemia zombie, sino el mismísimo advenimiento del Caos Reptante en todo su pixelado esplendor, descrito con ritmo vertiginoso e impecable montaje. Bienvenidas sean las ficciones que se come la realidad para hacernos disfrutar/sufrir con auténtica intensidad… si es que nuestras retinas son capaces de seguir la imparable velocidad de los acontecimientos, claro: en el cine no hay “pause” ni “rewind” que valgan.
dos putas pasándolas idem
A lo mejor estoy enfermo, pero lo cierto es que para mí, lo realmente monstruoso de “Monstruoso” (valga la flunflunflancia) no es el lovecraftiano horror tentacular que caga arañas mutantes y castra edificios con la colita, sino el grupo de protagonistas humanos. Esos seres odiosos que quedan retratados en la primera parte de la película, en esa infame fiesta pija en la que imperan el tedio amorfo, la deriva existencial, la fofez espiritual, el vacío mental y el más absurdo derroche energético. El único que parece divertirse de verdad es el más cretino: el tontolacámara. Por poco tiempo: la alegría es efímera y pronto emprenderá una frenética e inútil huida a ninguna parte. Sólo una cosa le honra: en ningún momento deja de grabar, para que así todos podamos ver las cosas que pasan.
una auténtica celebración de la estupidez humana
Y las cosas se ven venir desde el principio, desde esa imagen en la que se nos muestra, a través de un ventanal, la ciudad de Nueva York antes de la llegada del monstruo: una Babilonia de cristal, luz artificial y hormigón cuya simple existencia es un atentado contra las reglas más elementales del Cosmos. La ciudad moderna es, en sí misma, una aberración. Una aberración que pide a gritos una buena catástrofe que la borre del mapa.
pongamos que hablo de new york
Y llega la catástrofe, en forma de cefalópodo. Y rompe cosas y come gentes. Y, entre tanques y soldados que atacan al monstruoso, miles de “civiles” corretean patéticamente por las avenidas de la urbe intentando esconderse como cucarachas asustadas o (en un irracional e irreal acto reflejo que pone en evidencia la esencia de la sociedad de consumo y del dominio de la técnica) robar cacharritos de las tiendas… ¡en pleno Apocalipsis!
Y como no nos queda más remedio que identificarnos un poco con ellos (al fin y al cabo, también tenemos dos piernas y una cabeza), nos vemos como somos en realidad: frágiles hombrecillos que se desmoronan cuando les tiran las casas y les quitan la electricidad. Infraseres que, en igualdad de condiciones, quedan muy por debajo de las ratas: en la película, ellas -puro nervio y puro instinto- corren más rápido y escapan mejor de los bicharracos mutantes que los titubeantes humanoides.
En fin, que, sin querer, el filme este pone al ser humano en el lugar que se merece: racialmente, uno más dentro del bestiario terrestre; a medio camino entre los gusanos y las hormigas. Y como monstruo, el más devastador de todos: él es, al final, el que destruye la ciudad de Nueva York a bombazo limpio, para acabar con el primo de Cthulhu.
caos en el hormiguero
Mis dos escenas favoritas de “Monstruoso”:
-La cabeza de la Estatua de la Libertad rodando por las calles neoyorquinas (gran símbolo del principio del fin de Occidente).
2008: no hay rescate en nueva york
-El tontolacámara siendo masticado por el bicharraco (mareante, sí, pero magistralmente rodado, aunque… la cámara debía ser de adamantium, porque sobrevive a un sinfín de hostiones -incluido uno en helicóptero- y a varias dentelladas del monstruoso).
el personaje más simpático de la pinícula
Conclusión: Que yo sepa, la más grande peli de monstruos desde The Host“. He aquí un trailer, que vale más que mil palabras:

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BACK TO MONO

Publicado el Miércoles, 21 de Noviembre de 2007 por dildo

“Cuanto tenía nueve años sentí que podía llegar a ser estrella de rock, astronauta o presidente”.
Kurt Cobain
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“the death of kurt cobain†(sandow birk, 1994)
El otro día vi al fin Last days“, el filme de Gust Van Sant sobre el crepúsculo de Kurt Cobain (que en paz descanse). Me gustó bastante, aunque no soy muy fan de Nirvana (sólo tengo “In utero” y me gusta la mitad) ni de Gus (sólo tengo Elephant y “Drugstore cowboy“, que me gustan casi enteras). La penícula ha cambiado por completo la imagen que tenía de la mayor rockstar (a su pesar) que dieron los noventa.
teoria de la involucion
“No sé donde voy, no sé, sólo que aquí no puedo estar”.
KC

“Last days” es un peregrino estudio audiovisual sobre la fama, la droja, el colacao, la locura y el aislamiento interior. Una especie de versión “grunge” del Spider de Cronenberg, con toques de “El proyecto de la bruja de Blair” y alguna que otra mondrigonada de autor que siempre mete Van Sant. Como “Elephant”, “Last days” también es bastante minimalista en su planteamiento, provocando sensaciones sin apenas palabras, esbozando momentos que entran por los ojos y las orejas. Sólo se habla cuando es necesario y se da la información justa porque se supone que todo Dios conoce a KC. Tampoco se abusa de la música (no suena el puñetero “Smells like teen spirit” ni ningún otro jit nirvanero, porque la bruja de Courtney no dio permiso para hacer la peli y se supone que esto es una historia de ficción basada libremente en la muerte de Kurt) y la dirección musical, a cargo de Thurston Moore, es tan acertada como chirriante. Aún así, la pinícula, vista del tirón, puede resultar algo aburrida y agobiante, por eso es recomendable pararla hacia la mitad, como hacían antiguamente en el cine, y visitar el ambigú.
un hombre solo
“La gloria es una de las peores cosas que me han sucedido”.
KC

Durante todo el metraje, Kurt (que en la ficción se llama Blake) masculla cosas que no entendemos, garabatea frases incomprensibles en una libreta y ordeña con desgana su guitarra para que escupa unos sonidos ya tan incapaces de llegar al público como KC de salir del loop que lo ancla a la casa de locos y al bosque sin brujas, a un estado en el que, como un mono demente, se limita a comer, fumar, aporrear objetos, hacer ruidos con la boca y dar tumbos por su mansión y su bosque, buscando una soledad y una paz difíciles de encontrar. Porque el infierno son los demás y fuera es aún peor: todos te conocen y quieren que toques tus grandes éxitos y vivas una vida que no se corresponde con tu destino sólo porque te silbó la flauta del éxito y ahora hacen madelmanes con tu cara.
madelman del kc unplugged
En este sentido, cuando Kurt dijo aquello de “es imposible ser subversivo en el mundo comercial” nos dio alguna pista sobre su muerte, cuyas causas más profundas, tal vez, no fueron tan distintas a las de un Guy Debord. De hecho, hay un fragmento de “La sociedad del espectáculo” muy relacionado con “Last days”; dice así: “El conformismo absoluto de las prácticas sociales establecidas, con las cuales se identifican de una vez para siempre todas las posibilidades humanas, no tiene más limitación externa que el miedo a regresar a la animalidad sin forma. Para seguir siendo humanos, los hombres deben seguir siendo los mismos“. Kurt rebasó con creces los límites de la humanidad, pero hacia atrás: volvió a ser un simio, un simio triste, enfermo y alucinado. “Toda rectificación del alma de Caín es la del mono potencial“, dice la Cábala.
el paseo a ninguna parte
“Siento como si la gente quisiera que muriera, porque así se cumpliría la clásica historia de rock”n”roll”.
KC

Tan perdido en su vida como un pulpo en un garaje, Kurt se vuela la cabeza o se la vuelan (¿qué más da?) y consigue así escapar de todo, incluso de sí mismo, para devolver su alma a la Naturaleza. En la escena final de “Last days”, vemos el espíritu de KC, que sube por los árboles como un Tarzán rubio y tirillas, para tocar el cielo y fundirse con él. Un desenlace bastante etéreo, cosa no rara si tenemos en cuenta que tanto Van Sant como Cobain estaban muy interesados en el budismo.
“Creo que cuando te mueres eres completamente feliz, tu alma sigue viva y se crea una energía positiva. No temo a la muerte”.
KC

no somos nadie…
Me quedo con dos escenas de “Last days”:
KC “tocando” la guitarra tras uno de sus vagabundeos por el río:

Y KC travestido jugando con la escopeta, malpeinándose y “hablando” por teléfono:

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MONSIEUR HULOT, ÃÂRBITRO DE LA ELEGANCIA

Publicado el Miércoles, 17 de Octubre de 2007 por dildo

Tengo que viajar otra vez al país de los gabachos a un evento de relumbrón y, para prepararme, he vuelto a visitar a mi tío Hulot (alias Tati), que me ha dado unas cuantas lecciones de estilo para moverse en entornos selectos y afrancesados como Perico por su casa.
hulot, convertido en estatua de bronce por no mirar atras

Lección 1: Entrar en una fiesta de gala por la puerta grande:

Lección 2: Parecer un auténtico hombre de negocios:

Lección 3: Prepararse para no desentonar en una cacería de alto copete:

Lección 4: Saber estar en los laberintos burocráticos de una gran empresa:

Lección 5: Servirse un cocktail en una cocina de diseño:

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PLAYA, PINTXOS Y CRONENBERG

Publicado el Viernes, 5 de Octubre de 2007 por dildo

Donostia Zinemaldia es mi festival de cine favorito del mundo entero. Aunque su programación suela ser floja (de este año sólo salvaría la peli que motiva este post y el ciclo de Philippe Garrell), se celebra en una de las ciudades más agradables, cómodas y bonitas del universo. Puedes darte un baño y, en un salto, estar viendo una pinícula en el Kursaal, luego comerte un pintxo con Zulueta (recomiendo los del Txepetxa y los del Aloña Berri) y, cinco minutos después, encontrarte en el María Cristina (hotel donde se sirve el mejor café con leche de Euskal Herria) entrevistando a Cronenberg, para terminar la jornada tomando una copa en una fiesta privada en el Bataplán, mítico club incrustado en la playa de La Concha. Son lujos que pocas ciudades se pueden permitir.
una entrada a otro mundo
La semana pasada estuve en el festival este, vi la nueva pinícula de Cronenberg, Promesas del Este y le hice una jugosa interviú (al director, no a la pinícula) que podréis leer dentro de poco en la revista GQ. No todo fue un camino de rosas: tuve que tragar a una agente de prensa insufrible y la atroz ceremonia de inauguración del festival presentada por la gaseable Cayetana Guillén Cuervo, pero al final valió la pena: todos los contratiempos fueron suavizados por el (casi zen) sonido de la txalaparta y por la (aplaudidisisisima) presentación de “Promesas del Este” por Cronenberg y Viggo Mortensen. Tras el pase, ambos saldrían de la sala prácticamente “a hombros”, en medio de una clamorosa ovación. Se la merecían con creces.
cronenberg y mortensen, como dos hormigas
No voy a contar gran cosa de “Promesas del Este”, porque ya he escrito sobre el tema y, además, hay miles de críticas en virtuales y de papel (todas buenas: imposible hablar mal de algo genial). Sólo que se trata de una pinúcula buena con avaricia y que se puede ver sin miedo (se estrena hoy en salas comerciales). Sigue un poco la línea de Una historia de violencia“, pero va más allá. Podemos decir que Cronenberg sodomiza al thriller “comercial” y lo convierte en un juguete exquisito, para dibujar un Londres gris, decadente que tiene algo de Rusia bipolar y de videojuego mutante: es, en el fondo, otra Interzona donde colocar a sus personajes poliédricos y torturados. Pero corto el rollo ya, porque la película es tan compleja y fascinante que me podría tirar horas hablando de ella. Y este no es el momento ni el lugar.
viggo al desnudo
Sólo comentaré dos escenas, ultraviolentas y sórdidas a más no poder que, por si solas, ya justificarían la visión del filme: una pelea brutal (y homófila) de Mortensen en pelotas contra dos mafiosos en un baño turco; y un (homófobo) coito “a la fuerza” de Viggo con una puta a cuatro patas, mientras su jefe le grita: “¡venga, demuestrame que no eres maricón, fóllatela!”. A destacar también la importancia simbólica de los tatuajes en la película (esencial, en una época en la que hasta los tatoos se han democratizado y descafeinado), que queda reflejada en este pequeño reportaje:

La peli es casi perfecta en ritmo, ambientación, guión, decorados, fotografía, dirección de actores… Cronenbeg se sale, devolviéndo al cine su rango de Séptimo Arte. Cada vez hace películas más intachables… y también más comerciales. Creo que nunca había rodado un final tan feliz como este. Y, sin embargo, sigue siendo, por encima de todo, él pispo: sus imágenes siempre dejan posos melancólicos en el alma del espectador.
Otro diez para Mortensen, que borda a un gangster tan duro como taciturno y se transforma en plastilina (convenientemente tatuada) en manos del director. Pocos hubieran tenido testículos suficientes para interpretar la escena de la sauna.
el duo dinamico del thriller brutal
Como guinda, más Cronenberg: acaba de ser editada en España en DVD (¡más de tres lustros después de su estreno!) El almuerzo desnudo, la brillante adaptación cronenbergiana del (inadaptable) libro homónimo de William Burroughs. Una película de la que tampoco diré gran cosa: es un tema más propio del dildódromo que de este humilde zoo. Sólo eso: que ya está en las tiendas en DVD en una extraña edición de Avalon, para todo aquel que se atreva a comprarla o expropiarla.
el almuerzo, medio desnudo sin los audiocomentarios de cronenberg
Y no digo “extraña” por el perturbador contenido de la pinícula (que también), sino porque se autodenomina “edición de lujo” o “edición de coleccionista” y no trae ni la mitad de extras que la versión americana: faltan los comentarios del director y sobra el corto Snuff 2000“, que, aunque bizarro es un rato largo, pinta menos aquí que un relato de Loriga en una novela de Burroughs. En fin, terminemos este post con una de las escenas más alucinantes de “El almuerzo desnudo”:

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