Con los calores veraniegos el cuerpo se vuelve más vago. Es tiempo de tumbarse a la bartola, leer tebeos con poca letra y, al caer la noche, salir a la calle como cucarachas en busca de fiestas y bebidas heladas.

Anteayer se celebró la presentación de las nuevas Miss Playboy TV para España y Portugal (o sea, para Iberia). La party no fue precisamente una bacanal pero, bueno, mola pasar la noche en la terraza del Hotel de Las Letras, en plena Gran VÃa, tomando el fresco, choplando chevecha y champán. Mientras tanto, en Benicassim, 40.000 jóvenes, 40 maderos y dos etarras se achicharraban en el FIB viendo viejas glorias del pop y del rock. Eso sÃ, seguro que habÃa mejor ganado en el FIB. Aquà las señoritas playmates parecÃan travelos despollados. En mi humilde opinión, los artificios son enemigos de la belleza femenina. Prefiero a las chicas naturales, sanotas, bien alimentadas y poco sofisticadas. Pero, bueno, a yegua regalada no le mires el diente y esto es lo que hubo para mirar y no tocar:

Cuatro chicas Playboy, cuatro conejitas, dos ex reinas y sus respectivas sucesoras para España y Portugal. La valenciana Blanca Llorca, Miss Playboy TV España 2006, le pasó la corona a la explosiva e inexpresiva rubia mallorquina Wilma González, la conejita del 2007. Y la lusitana Liliana Queiroz hizo lo propio con su compatriota Sara Santos. Las cuatro misses amenizaron con su presencia la azotea del hotel, abarrotada de saloneros, fotógrafos, “rodrÃguez” y periodistas, que acabaron (acabamos) en un pis pas con el catering y la bebida. ¡Hips!

La coneja española Wilma González fue la que supo seducir mejor a las cámaras y a los cámaras. Y no era por sus perjúmenes de mujer, ni por sus garras de astracán, ni por su rostro inexpresivo, sino por sus exageradas curvas (94-63-96) y por un par de generosas ubres que atraÃan a las miradas masculinas como las zanahorias a los pollinos.

Tal vez mami Naturaleza (con una pequeña ayuda del cirujano plástico) haya sido buena con Wilma y sus amigas, con sus senos, traseros, caras y piernas. Pero la genética siempre da una de cal y una de arena y ni el doctor Kuroo Hazama puede arreglar unos pies feos. Los pies o te los pone Dios bonitos o no hay tu tÃa. Llama la atención lo ligeros y bruttos que eran los cascos de estas damas:



Pero dio igual, porque yo creo que fui el único en el ático en fijarme en los pies y en las caras de las chicas. Caras, por cierto, congeladas, estiradas, de mirada venérea y vacÃa, pero -como dice la prensa- bellÃsimas en cualquier caso. Se nota que las cuatro han nacido para ser modelos eróticas, porque no se cansaban de posar, de sonreir, de exhibirse ante las cámaras. Estaban encantadas de la vida porque ser chica Playboy es un trampolÃn hacia el éxito. Si estas chicas acabarán siendo actrices de cine, cantantes de pop, presentadoras de tele o prostitutas de lujo (valga la cuádruple flunflunflancia) sólo el cielo lo sabe. Y esa noche, el cielo madrileño estaba turbio y callado como una puta.

Las estrellas se acababan de marchar de vacaciones y la luz sólo brillaba más abajo, en la azotea, en los relampagueantes flashes de los foteros. Y las conejitas no paraban de actuar, de bordar su papel de mujeres objeto, de trozos de carne con ojos con lentillas de colorines. Por haber, hasta hubo alguna broma picantona entre dos de las muñecas de botox. Nadie se rió. Muchos se inflamaron.

Pero la estrella de la noche fue, insisto, la mallorquina -sólo de nacimiento, pues luego se trasladó a un pueblecito de Alicante y posteriormente a Australia- Wilma González. Ella no sólo es la reina de las conejas españolas, sino que nos representará en el inminente concurso de belleza latina Playboy TV. Y yo estoy muy tranquilo, porque Wilma no sólo se llama como la mujer de Pedro Picapiedra, sino que tiene un par de poderosas razones para ganar el concurso y, encima, no es tonta. Seguro que no le hace ascos a los huevos de brontosaurio…

He aquà cinco frases de Wilma que demuestran que se puede ser rubia y, además, lumbreras:
-”Que una salga desnuda no significa que se vaya con cualquiera”.
-”Estoy preparada para ser una sex symbol”.
-”Por amor soy capaz de hacer verdaderas locuras”.
-”Me gustan los hombres muy masculinos, muy optimistas y muy graciosos. Necesito un payasito en mi vida que me haga reir”.
-”Sé que despierto las iras y envidias de muchas”.

Aunque yo nunca fui muy fan de la revista Playboy ni de su tele ni de sus chicas (soy de la generación Private y crecà viendo revistas llenas de centroeuropeas comiendo pollas de cuatro en cuatro) no me cae mal Hugh Hefner ni Playboy. SÃ, ya sé que su reinado ha caducado y hoy ya no hace arte erótico, sino guarreridas kitschlight en serie para ejecutivos aburridos, pero tiene un pasado que debemos respetar. Espero que Hef lea esto y me invite algún dÃa a visitar su mansión. Seguro que allà guarda las joyitas de su corona, una colección de teenagers al estilo sixties, con frondosas entrepiernas vÃrgenes y carnes prietas pero nuncajamás folladas por un bisturÃ.

El mÃtico conejito con pajarita, Marilyn en bolas, las elegantes pin-ups de los 50 y 60, las entrevistas striptease, el tebeo-homenaje de Chester Brown, las playmates salvajes y enormes sin silicona de la era Meyer… Hay todo un mundo detrás de la marca Playboy, pero mucho me temo que hoy por hoy sus productos me dejan frÃo. Me quedo con el porno facturado por Rodney Moore, tal vez el Hefner (o mejor, el Milton) del siglo XXI, con su colección de chicas REALES (unas gordas, otras peludas, otras culonas, pero 0 silicona, 0 artificio) como la vida misma y guarras como ellas solas. Lo de Hefner se ha convertido en atrezzo picantillo para despachos rancios. Pero, bueno, la fiesta estuvo bien… hasta que se acabó.

Al salir de ese ático lleno de burbujas de champán y silicon rabbits, noté un soplo de aire fresco. O dos: un par de azafatas, chicas normales pero (sin ser mi tipo) monas y sonrientes, me entregaron una bolsita llena de merchandising playboyesco. Las vi tan expresivas, tan de andar por casa comparadas con las conejitas terraceras, que me agarré a ellas como a hogareños clavos ardiendo y me saqué esta foto para colgar aquà como tributo a la ardiente mujer de alma, carne y hueso, frente a la gélida replicante de láser, plástico y colágeno.
