Buenas.
Este blog es un bestiario frenopático, una feria de monstruos en la que diseccionaremos todo tipo de animales: unos más listos, otros más burros. Unos hablan y otros ladran (o rebuznan). Por eso, quiero dedicar este primer post a contestar la pregunta del millón de céntimos: ¿Qué diferencia hay entre los animales y el hombre?
Opiniones las hay como culos: para todos los gustos. El gran cantautor melódico Roberto Carlos (no confundir con el futbolista de color mulato) ya cantaba aquello de: “yo quisiera ser sivilisado como los animales”. Él, como Peter Siger (filósofo de la liberación animal) cree que los animales no son iguales que el hombre: son mejores. En una entrevista, llegó a asegurar que un chimpancé tiene más “significado moral” que un bebé con problemas cerebrales. Joseph Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, no fue tan lejos, y reclamó la igualdad entre hombre y bestia: “El hombre es y seguirá siendo un animal. Aquà una bestia de presa, allà una mascota casera, pero siempre un animal”.
En el lado contrario del ring, está Roger Scruton, filósofo inglés que defiende la superioridad humana porque, entre otras cosas, la inteligencia de los animales obedece al instinto y al momento, no se proyecta al futuro, las bestias ni tienen moral ni pueden hablar (salvo los loros, dirÃa yo). Además, las emociones animales están limitadas a un nivel fÃsico, no poseen imaginación, ni sentido estético, ni consciencia de si mismos ni lenguaje abstracto… Ni alma, que dirÃa un cura.
¿Qué pienso yo? Dudo: cada vez más, veo a mis semejantes como animales irracionales y, a veces, cuando me miro al espejo, no sé que veo y, como Vainica Doble, me pregunto: “¿Yo quién soy? Primate de anteayer, insecto de un pasado imperfecto, hoy casi un hombre, no sé mi nombre ni quién soy”. Pero luego, ahà está la magia, la belleza, las obras de creación, la voluntad, los blogs… Y vuelvo a creer que somos animales que, por un capricho del Destino, hemos evolucionado más de la cuenta. Y por eso ahora la tortilla da la vuelta. Tras la evolución, la involución: del mono al hombre y del hombre al cerdo. Mientras, las otras especies se ocultan en la sombras y esperan un nuevo amanecer. Como en “El planeta de los simios”, como en “Kamandi”. Leo hoy en la prensa que el cientÃfico freak Stephen Hawking dice que nos quedan cinco minutos de vida a la especie humana. Tictactictactic: ya han pasado y seguimos coleando: Stephen es cientÃfico, no profeta.
Pero el dÃa menos pensado explotarán las bombas y las cucarachas heredarán la Tierra y el último superviviente se despertará tranformado en bicharraco, como el personaje de Kafka. Ese dÃa el hombre será no sólo un animal, sino un dinosaurio. Y las cucarachas sisearán su nombre con miedo y asco.
