(”Saigón, mierda…”) Esta tarde, tumbado sobre la hierba del Parque del Oeste, he terminado de leer “Nocilla Experience“, el segundo experimento narrativo de Agustín Fernández Mallo. Aunque haya sido bendecido por “El País” (no en vano ahora publica en Alfaguara), el tío va a su bola y, por ejemplo, linka en su blog cosas tan políticamente incorrectisisisímas como nuestra Línea de Sombra. (”Saigón, mierda, aún sigo solo en Saigón”).
Está guay, el librito, un puzzle que se lee en un suspiro, aunque casi me gustó más el anterior, tal vez por la novedad. (”…sigo solo en…”). En el mar de citas, descripciones pospoéticas, guiños pop y mensajes sulibellados, he pescado este fragmento, en el que uno de los personajes del libro (un entrañable percebeiro apodado “Bacterio“) habla (precisamente) de la película “The Omega Man (El último hombre vivo)” de Charlton Heston:
“Uff, es tremenda, la vi hace muchos años en la tele, y nunca más, El último hombre vivo, se llama, del 71, todos han muerto en Los Ángeles y Charlton Heston es el único que queda vivo, hay una pandilla de zombis que le acosan, pero como sólo salen de noche, durante el día él puede andar por las calles, y entra en las tiendas, que han quedado intactas, y coge lo que quiere, y cuando se le acaba la gasolina pilla otro coche cualquiera y ya está, es tremenda, hay unas imágenes aéreas de la ciudad semidestrozada, llena de papeles y basura, y él en un descapotable por esas grandes avenidas, que parecen como el mar, a toda hostia, sabes, es tremendo. ¡Ah, dice Anxo, Entonces como lo del Prestige: el mar deshecho y lleno de mierda! Calla, calla, no me hables, responde Antón, Yo casi te diría que estoy deseando que venga otro desastre, total, la pesca no se ha resentido y han entrado en las casas millones de euros en indemnizaciones. Hombre claro, asegura Anxo, Tú y todos.”
(”…mierda, aún sigo solo…”)
Publicado el Miércoles, 24 de Octubre de 2007 por dildo
“Quiero que la gente se ría y llore, no que se queden sentados mirando la pantalla de la tele”.
Michael Landon.
Por una vez y sin que sirva de precedente, voy a recomendar un libro a los monos de este zoológico. Se trata de “Nocilla Dream“ (Editorial Candaya, 2007) del físico nuclear, fan de Sr. Chinarro, poeta postpoético y (encima) gallego Agustín Fernández Mallo(A Coruña, 1967). Más que una novela es una pequeña joya del zapping literario con fundamento. Que no es poco, aunque a Dragó no le guste.
Contiene capítulos tan literal y literariamente bizarros como este, el 79, que reconstruye con piezas verdaderas y falsas la muerte del mítico actor, director y productor televisivo Michael Landon (Eugene Maurice Orowitz; New York, 1936 - Malibú, 1991):
“El nómada toma por lugar una idea. Los grandes nómadas son personas de ideas inamovibles, en tanto van dejando atrás personas y ciudades. Michael Landon llegó cansado y muy tarde de los estudios de la Fox; la casa estaba fría, desordenada y desprovista de personalidad. Unos muebles regalados. El cubo de basura desbordado. La grabación de los capítulos de la 5ª temporada de “Autopista al cielo” consumía toda su capacidad de nomadismo; ahora esta casa era el eventual refugio que todo viajero tarde o temprano necesita. Se sirvió un güisqui sin hielo y escogió al azar un vídeo porno de la estantería. Mientras la cinta giraba se calentó un sándwich que había traído del catering. Una mujer corría por un bosque perseguida por dos hombres, al final caía rendida debajo de un árbol y allí se dejaba penetrar. No atendió demasiado a la película. Se despertó cuando pasaban los créditos, según los cuales, los exteriores habían sido grabados en un bosque del Estado de Nevada, el mismo bosque en el que hacía 20 años él había localizado un capítulo de “La casa de la pradera”, 1972, recordó con nostalgia, la crisis del petróleo, Berkeley era un hervidero, Bertolucci estrenaba “El último tango en París”, en los Juegos Olímpicos de Munich un comando palestino secuestraba a 9 atletas israelíes y les daba muerte, Nixon era el primer presidente norteamericano en visitar China, Susan Sontag había publicado “Contra la interpretación”. Volvió a caer dormido en el sofá. Esa noche fue la más nómada de todas pues tomó como hogar la idea definitiva, la única involuntaria, la muerte.”
Muchos pensarán que Landon no merecía morir de una forma tan sórdida y solitaria como la imaginada por Fernandez Mallo sino, tal vez, en un despliegue de pornografía emocional, en plan Chanquete, rodeado de sus nueve hijos y sus tres ex mujeres llorando como Magdalenas (y, sonando de fondo, la “Sevillana del adiós“). Pero es que, una vez más, la realidad supera a la ficción. Porque ese hombre que tú ves ahí, entre nubes blancas y cielos azules, que parece tan galante, tan atento y agradable… lo conozco como a mí. Fue un crápula empedernido, que coleccionaba juergas, broncas y perversiones, divorcios, infidelidades y descomunales colocones que le costaron un cáncer de páncreas que se lo llevó al otro barrio. Y, pese al título de este post, apuesto a que ahora Michael luce rabo, tridente y cuernecitos rojos, y no alas de algodón.
Ese hombre que ves ahí, que se ganó un lugar en el Olimpo catódico por su lacrimógeno papel del ángel Jonathan Smith en “Autopista hacia el cielo” (1984-1989), que hizo de padre perfecto en “La casa de la pradera” (1974-1983), que dijo cosas como “creo en Dios, en la familia, en la sinceridad y en el poder del amor”… lo conozco como a mí. En la vida real fue celoso, como el viento impetuoso, sólo ebrio cariñoso, inseguro de sí mismo, soportable como amigo, insufrible como amor. En resumen: más cercano al hombre lobo que interpretó en “I was a teenage werewolf” (1957) que al buen chaval de “Bonanza” (1959-1973). Pero, a pesar de todo, sus fans no lo olvidan: para ellos, los límites entre Jonathan Smith y Michael Landon no existen. Creen que actor y personaje fueron un mismo trozo de pan. Y por eso hacen vídeos como este, en el que la ficción supera a la realidad. No encuentro más palabras, así que… pinchen y vean: