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CARAMELOS DE GIN TONIC

Publicado el Lunes, 8 de Octubre de 2007 por dildo

Hasta ahora, los únicos dulces inspirados en una bebida alcohólica que conocía eran los legendarios caramelos de Cuba Libre, una auténtica exquisitez que de niño, mucho antes de catar mi primer cubata, consumía con auténtica gula.
bocato di cardinale
En el Bataplan, un selecto club de Donosti, descubrí que también existen los caramelos de Gin Tonic, delicatessen en cubitos que imita perfectamente el sabor a colonia del popular combinado. No soy un gran bebedor de Gin Tonic, y mis días de vino y rosas ya han quedado muy atrás, pero estos caramelos en seguida pasaron a mi top ten de chucherías.
copon de gincandies
Su ilustre inventor es el hostelero donostiarra Paul Bordonaba, que los creó para su Museo del Whisky y ahora los despacha a todo tipo de clientes, ya sean empresas o particulares. Se trata de una golosina para adultos, sin azucar, de color blanco y con forma de cubito de hielo. La idea se la dio a Paul, sin querer, un cliente de su bar, que le pidió un gin tonic y, cuando lo tuvo en sus manos, lo revolvió con un chupachup para saborearlo bien antes de beberlo. Una bombilla se encendió entonces en el inquieto cerebro de Bordonaba: “caramelo de gin tonic”, se dijo. Pero la creación de esta curiosa chuchería no fue un camino de rosas: en su laboratorio gastronómico, Bordonaba fracasó repetidamente en su intento, quemando numerosas cazuelas llenas de secretos ingredientes. Cambió la fórmula mágica varias veces, sin resultado: el mejunge siempre terminaba pegado al fondo de la cazuela mucho antes de convertirse en caramelo. Pidió Paul, entonces, consejo a la empresa guipuzkoana especializada en dulces Reineta de Zarautz: “Ellos me recomendaron que untara el fondo de las cazuelas con limón“. De esta forma, este buen hombre logró que no se le pegoteara la pasta y, añadiendo raíces de naranja y otros ingredientes naturales, logró fabricar sus caramelos de la forma más artesanal. Acto seguido, encargó a la mentada compañía guiputxi unos cien kilos de su invento, para repartir entre sus clientes.
el inventor de los caramelos de ginebra con un puñado de su genial creacion
Aunque esto no empezó como negocio, la flauta sonó y hoy Bordonaba despacha a través de internet kilos y kilos de su singular dulce a toda la Península Ibérica. Él los sirve encantado en bolsas de medio kilogramo a 10 euros de cada una, donde entran unos 150 dobles caramelos de gin tonic. “Los muchos clientes que tenemos me envían a veces e-mails contándome su experiencia“, confiesa el hostelero, “este es, sin duda, mi favorito“:
“He repartido caramelos de gin tonic a el profesor de mi hija, al conductor del autobús, a los cuatro camareros del bar donde tomo el café, a mis ocho compañeros de trabajo, a mi jefa, a las compañeras de pilates, al taxista, al cura que prepara la catequésis de la pequeña, al matrimonio donde hago mis últimas compritas, a la que nos vende los libros del Círculo y a mis padres. A todos les hace mucha gracia pero, por favor, envíeme urgente seis bolsas más, ya que mi marido se ha enterado y no me quedan para él. No me habla” (Nuria. Albacete).
cara y cruz de estos ricos psychocandies
Los caramelos de Gin Tonic, toda una explosión de placer para el paladar, puedes pedirlos a través de la web del Museo del Whisky o en el teléfono 943 426 478, a partir de las 15:30 horas, preguntando por Paul, Betty o Luis Mari. Yo ya encargado varias bolsas, para repartir entre los niños de mi barrio el próximo Halloween.
Y Bordonaba, lejos de dormirse en los laureles ginebrescos, ya está preparando el más difícil todavía: un revolucionario caramelo de whisky, para cuya elaboración se ha puesto en contacto con un grupo de científicos. Yo confío en él y creo que lo tendrá pronto: para Paul no hay nada imposible: estamos hablando del hombre que creó la coctelera más pequeña del mundo (record Guiness 1995). Yo le sugiero que, esta vez, lo haga redondo y le ponga un palito, o sea, que no sea un caramelo de whisky, sino un chupachup de whisky. Así, si se pone de moda veremos a cientos de chicas en las discotecas rechupeteando esas micropénicas golosinas. Y es que hay cosas más hermosas que una mujer chupando un chupachup, pero no muchas:

Aunque… más de un alcohólico terminal, embriagado por los aromas del caramelo, preferirá comerse el chupachup de whisky que la chica, como ocurre en este ocurrente anuncio. ¿O será un mensaje subliminal mondrigas?:

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