Más vale tarde que nunca: ando viendo por fin la primera temporada de “Perdidos“ (yaaa, ya sé que va por la cuartaaaa) y, la verdad, de momento no me engancha tanto como “Prison Break” o “Heroes”. Es más, los personajes me la sudan todos salvo uno. Y no, no es el calvo de la selva, ni la preñada angelical, ni el matasanos mondrigas, ni el gordo friki, ni el negrata tonto, ni su puñetero hijo… Es la propia isla. Me he enamorado de ese lugar bello y siniestro. Quiero vivir ahí o, al menos, pasar una buena temporada (nunca mejor dicho…) correteando por sus bosques y arenas bajo traicioneras lluvias torrenciales, sintiendo en mi jeta su brisilla marina y su flamón tropical.
Y, al parecer, esto no es tan difícil, porque existen viajes organizados a la isla de la fantasía. Sí, la empresa de viajes-basura Atrápalo vende paquetes de viajes a la isla de Hawai donde se rueda esta serie que tiene millones de fanáticos a lo largo y ancho del mundo. Aquí se puede ver la oferta de vuelo+hotel (nooo, los vuelos no son de Oceanic) que, por unos 2500 euros, te ofrece siete noches siete en la isla de “Perdidos”.
Por lo visto, en el viaje está incluido un circuito por las localizaciones de la serie, para que los fans puedan verlas sin perderse en ellas ni arriesgarse a toparse con alguno de los osos polares que, sin duda, pululan por ahí. Este es un video grabado por dos chicas del club de fans de “Perdidos” Lostzilla, que hicieron la ruta de Atrápalo:
Tiene buena pinta, aunque, no sé, con tanta afluencia de fans… a este paso, cuando termine de ver las cuatro temporadas de “Perdidos” la indómita isla que aparece en la serie ya habrá sido transformada en un maloliente parque temático por la lacra del turismo catódico.
EL ATAQUE DE LOS ESPERMATOZOIDES DE DUREX: un grupo de espermatozoides sigue por la calle a un tipo que tiene una cita. Menos mal que está ahà el condón para pararles los pies. Mola la rolliza cerdita que provoca la avalancha de las partÃculas seminales:
PUBLICIDAD SUBLIMINAL DE PEPSI PROTAGONIZADA POR UN NIÑO: en España no están permitidos estos tipos de anuncio (y mucho menos con locos bajitos), pero la verdad es que molan: denigrar a la competencia para exaltar los presuntos valores del producto anunciado:
EL PERRO AL QUE LE TOCA LA PRIMITIVA: está incrustado entre otros cinco anuncios que tampoco están mal, pero el mejor es, sin duda, el del perrito que es fiel sirviente de su amo… hasta que le toca la Bonoloto y se hace millonario. Una explÃcita metáfora del curro como forma de esclavitud que se abandona al primer golpe de suerte:
LAS MARUJAS Y EL ACEITE: dos marujonas de libro mezclan churras con meninas (o aceite con preservativos) en este desquiciado spot puertoriqueño de principios de los noventa:
PAPEL HIGIÉNICO ANDREWS: ya sin mondrigonadas, los de la marca Andrews se atrevieron hacer este explÃcito minispot para orientar su papel del culo al público más viril y guarreras:
TRINARANJUS “BIP BIP”: los creativos de este anuncio tuvieron la no muy brillante pero sà resultona idea de usar a dos populares personajes de Warner (el correcaminos y el Coyote) para vender refrescos. Pobre Coyote, no se libraba de las hostias ni en los anuncios:
CHICLE DUNKIN: pero esto de usar dibujos animados para vender cosas se viene haciendo desde que la tele es tele; en 1971, a la marca de chicles Dunkin se le ocurrió regalar un álbum de cromos de Mortadelo y una lupa con su goma de mascar:
EL CANARIO Y EL PAJERO: en los 80 ya existÃan pajeros, lo que pasa es que aún no les llamaban “freaks”. El segundo anuncio, de vÃdeos VHS de la marca JVC, está protagonizado por un pajerazo del quince que roza la realidad virtual gracias a su magnetoscopio; el primero, por un pajarito que domina a un gato gracias a la fuerza de su alpiste Nido:
JASP: nadie ha olvidado aún este, uno de los anuncios más famosos y repelentes de los 90: Un redicho guaperas le canta las cuarenta a su jefe, dándole una lección “guay” y dejándolo con la palabra en la boca. Un anuncio que vendió coches como churros a toda una generación, la generación JASP, esa juventud algo loca y con su puntito bohemio, sÃ, pero siempre guapa, pija y preparadÃsima. Para vender algo tan absurdo, nocivo, caro y prescindible como un coche (un coche “joven”), hay que inventar anuncios como este y pasarlos mil veces al dÃa:
Para terminar, y aunque ya he posteado más arriba el telefilme entero, no puedo resistirme a recortar y pegar aquà el emocionante final, el “happy end” de “El muchacho de la burbuja de plástico” en versión original con subtÃtulos, con esa canción tan bonita, tan ingenua, tan 70″s… Al final resulta que la enfermedad era una barrera psicológica que el chico rompe para poder estar con la chica, tocarla, besarla y huir a lomos de un caballo llamado vida.