LA BELLA Y LA BESTIA

“Cierto como el sol
que nos da calor
no hay mayor verdad
la belleza está
en el corazón”.
Chenoa y Bisbal.
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“Cierto como el sol
que nos da calor
no hay mayor verdad
la belleza está
en el corazón”.
Chenoa y Bisbal.
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El underground en estado puro late en este corto alemán dirigido en 1981 por Nikolaus Utermöhlen y Max Müller. En él, se recrea y resume la recta final de Sid y Nancy mucho mejor que en la mayorÃa de las pinÃculas y documentales hechos sobre el tema (salvo, quizás, la de Cox). Pero lo más curioso son los actores que protagonizan el corto: el bebé Oskar en el papel de Sid y la niña Angie como Nancy. No es ninguna broma ni ningún capricho bizarro porque, ¿qué era Sid sino un hombre que involucionó hasta el estado mental de un bebé sadomasoquista? ¿Y qué era Nancy, sino una niña mala que acabó fatal? Asà que, nada, pónganse un buen pico, túmbense en el catre y observen, pero no lo intenten en casa: jugar puede matar.
Casi diez años después de la filmación del corto que acabamos de ver, Michael Jackson harÃa una paródica versión infantil de su video “Bad“.

Una pieza titulada “Badder” y protagonizada por el actor de nueve años Brandon Quintin Adams. AquÃ, la gracia no estaba en la condensación dramática y biográfica, sino en la caricaturización plano a plano del video original. Sin embargo, y pese a que fue concebida como un chiste inocente para la pelÃcula “Moonwalker“, vista hoy y teniendo en cuenta el complejo de Peter Pan que siempre ha arrastrado Michael, la minipelÃcula se revela como una obra aún más significativa que la anterior. Lo que sigue siendo un misterio es por qué Jackson escogerÃa a un niño negro para hacer su papel cuando él ya era casi completamente blanco.
Y para completar este trÃptico de guarderÃa, un video de primera.

La democratización de las videocámaras y la explosión del YouTube han propiciado cientos de hÃbridos entre las piezas de Jackson y Sid. Como esta, una pequeña masterpiece de realismo sucio: en un ambiente de caos doméstico (como el que se respira en muchos videos de YouPorn) una diminuta fan nerdie de Madonna destroza a capella el sacrÃlego himno “Like a prayer“ bajo la siniestra mirada de su tatuado progenitor. Puro white trash art:
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“Quiero que la gente se rÃa y llore, no que se queden sentados mirando la pantalla de la tele”.
Michael Landon.
Por una vez y sin que sirva de precedente, voy a recomendar un libro a los monos de este zoológico. Se trata de “Nocilla Dream“ (Editorial Candaya, 2007) del fÃsico nuclear, fan de Sr. Chinarro, poeta postpoético y (encima) gallego AgustÃn Fernández Mallo (A Coruña, 1967). Más que una novela es una pequeña joya del zapping literario con fundamento. Que no es poco, aunque a Dragó no le guste.

Contiene capÃtulos tan literal y literariamente bizarros como este, el 79, que reconstruye con piezas verdaderas y falsas la muerte del mÃtico actor, director y productor televisivo Michael Landon (Eugene Maurice Orowitz; New York, 1936 - Malibú, 1991):
“El nómada toma por lugar una idea. Los grandes nómadas son personas de ideas inamovibles, en tanto van dejando atrás personas y ciudades. Michael Landon llegó cansado y muy tarde de los estudios de la Fox; la casa estaba frÃa, desordenada y desprovista de personalidad. Unos muebles regalados. El cubo de basura desbordado. La grabación de los capÃtulos de la 5ª temporada de “Autopista al cielo” consumÃa toda su capacidad de nomadismo; ahora esta casa era el eventual refugio que todo viajero tarde o temprano necesita. Se sirvió un güisqui sin hielo y escogió al azar un vÃdeo porno de la estanterÃa. Mientras la cinta giraba se calentó un sándwich que habÃa traÃdo del catering. Una mujer corrÃa por un bosque perseguida por dos hombres, al final caÃa rendida debajo de un árbol y allà se dejaba penetrar. No atendió demasiado a la pelÃcula. Se despertó cuando pasaban los créditos, según los cuales, los exteriores habÃan sido grabados en un bosque del Estado de Nevada, el mismo bosque en el que hacÃa 20 años él habÃa localizado un capÃtulo de “La casa de la pradera”, 1972, recordó con nostalgia, la crisis del petróleo, Berkeley era un hervidero, Bertolucci estrenaba “El último tango en ParÃs”, en los Juegos OlÃmpicos de Munich un comando palestino secuestraba a 9 atletas israelÃes y les daba muerte, Nixon era el primer presidente norteamericano en visitar China, Susan Sontag habÃa publicado “Contra la interpretación”. Volvió a caer dormido en el sofá. Esa noche fue la más nómada de todas pues tomó como hogar la idea definitiva, la única involuntaria, la muerte.”

Muchos pensarán que Landon no merecÃa morir de una forma tan sórdida y solitaria como la imaginada por Fernandez Mallo sino, tal vez, en un despliegue de pornografÃa emocional, en plan Chanquete, rodeado de sus nueve hijos y sus tres ex mujeres llorando como Magdalenas (y, sonando de fondo, la “Sevillana del adiós“). Pero es que, una vez más, la realidad supera a la ficción. Porque ese hombre que tú ves ahÃ, entre nubes blancas y cielos azules, que parece tan galante, tan atento y agradable… lo conozco como a mÃ. Fue un crápula empedernido, que coleccionaba juergas, broncas y perversiones, divorcios, infidelidades y descomunales colocones que le costaron un cáncer de páncreas que se lo llevó al otro barrio. Y, pese al tÃtulo de este post, apuesto a que ahora Michael luce rabo, tridente y cuernecitos rojos, y no alas de algodón.

Ese hombre que ves ahÃ, que se ganó un lugar en el Olimpo catódico por su lacrimógeno papel del ángel Jonathan Smith en “Autopista hacia el cielo” (1984-1989), que hizo de padre perfecto en “La casa de la pradera” (1974-1983), que dijo cosas como “creo en Dios, en la familia, en la sinceridad y en el poder del amor”… lo conozco como a mÃ. En la vida real fue celoso, como el viento impetuoso, sólo ebrio cariñoso, inseguro de sà mismo, soportable como amigo, insufrible como amor. En resumen: más cercano al hombre lobo que interpretó en “I was a teenage werewolf” (1957) que al buen chaval de “Bonanza” (1959-1973). Pero, a pesar de todo, sus fans no lo olvidan: para ellos, los lÃmites entre Jonathan Smith y Michael Landon no existen. Creen que actor y personaje fueron un mismo trozo de pan. Y por eso hacen vÃdeos como este, en el que la ficción supera a la realidad. No encuentro más palabras, asà que… pinchen y vean:
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Valeriano López-Alfajor, doctor en shaving, me pasó este Tutubo en el que sale un barbero afeitándole la cabeza a una niña de diez años. Antes de que alguien se eche las manos a la cabeza (nunca mejor dicho) hay que advertir que no se trata de un video casero, sino de una obra de ficción: el filme infantil checo “Jak se toáÂà Rozmarýny” (1977).

Al parecer, esta pelÃcula sólo está editada en la República Checa. Ahà arriba, en pequeño, podéis ver la carátula. La venden en un pack que también incluye “Na samoté u lesa”, que tiene una pinta aún más extraña, si cabe. Parecen pinÃculas para niños raros y serios, de esos que sólo se rÃen al ver escenas como esta:
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Si las relaciones humanas son ya complicadas y extrañas de por sÃ, regidas por unos códigos casi siempre desconcertantes, la que hay entre padre e hija es ya el acabose: un camino de brasas difÃcil y tortuoso que suele acabar en un desencuentro absoluto cuando ellas crecen. Pero, mientras son pequeñitas, la cosa va bien (¿demasiado bien?) y todo son besos y carantoñas y que guapa y que simpática es mi niña y mi padre es el mejor. La prueba son las decenas de “tutubos“ con devotas dedicatorias de padres a hijas menores de quince años. Veamos uno de mis favoritos, interminable sucesión de fotos de una preteen panchita con una almibarada banda sonora (”O tú o ninguna” de Luis Miguel) y unas frases sobreimpresas que intentan en vano expresar la magnitud del amor de padre, que siempre late al filo de lo incestuoso. “Si tú no existieras yo te inventarÃa, preciosa“, teclea el papichulo en un arrebato de poesÃa pixelada. La crÃa no es ninguna beldad, ya lo sé, pero la mirada de un padre nunca es objetiva y la niña de sus ojos es siempre la más bella, la más lista, la más buena… la más todo (menos la más puta, claro… hasta que se echa el primer novio).
Pero los cantos de amor de padres a hijas siempre han existido y siempre existirán (o, al menos, hasta que toque otro régimen espartano en el que se ordenen las relaciones familiares). Ahà está, por ejemplo, el crooner catalufo José Guardiola, que grabó en 1962 el clásico del opuspop “Dà papá” junto a su hijita Rosa Mary, que preguntaba con vocecilla inocente “Di papá dónde está el buen Dios” y Guardiola le respondÃa: “Pues sÃ, corazón, sé donde está, puede estar en tà y en mÓ.

Para no ser menos, Manolo Escobar, que en 1979 acababa de adoptar una niña a la que bautizó como Vanessa (nombrecito que, por su culpa, se extendió como el tifus entre la basura blanca española) grabó con ella la canción “Mi pequeña flor“.

El españolÃsimo tema estaba plagado de metáforas babeantes, cosa que se perdonaba, pues hay que tener en cuenta que no es lo mismo una hija de sangre que una adoptada, aunque Manolo se derretÃa con ella incluso más que si fuera carne de su carne cuando cantaba aquello de: “Y un canastillo de fresas, rojas como su boquita, dulces como su mirar, pero no, pero no, que yo sólo sé cantar“. Y luego entraba la crÃa, balbuceando: “Papá, papá te quiero muuucho“. Y Manolo contestaba a grito cantao con su inconfundible vozarrón: “¡Cariño miiiiiio, y yo a tà maaaaaás“. Pero es mejor que lo escuchemos, en este genial videoclip, que parece obra de una enloquecida fan preadolescente:
La cumbre absoluta del subgénero la alcanzó Julio Iglesias con “De niña a mujer” (1981), un desmesurado baladón dedicado a su hija de diez años Chabeli (hoy Chábeli). La letra es, tal vez, la creación artÃstica que mejor plasma los desgarradores sentimientos de un padre por su hija (¿me he pasao?). Fue además un long play que incluÃa algunas de las más grandes interpretaciones de Julio (su pseudodiscotequera revisión de “Begin the beguine”, “Que nadie sepa mi sufrir”, “Y pensar“…). Pero la joya del álbum era, con diferencia, la que le daba tÃtulo: “De niña a mujer“, que incluÃa frases que dejaban en evidencia los juegos de seducción espiritual entre padre e hija: “Eras niña de largos silencios y ya me querÃas bien; tu mirada buscaba la mÃa, jugabas a ser mujer“.

Aunque era y es un padrazo, en el concierto que vamos a ver en el próximo teletubo Julio cambia a su hijita (que debÃa estar internada en un colegio del Caribe por dejar alguna para septiembre) por otra chiquilla, que no se parece en nada a Chabeli pero que no tiene mucho que envidiarle (¿el padre, tal vez?) y acepta encantada las palabras, las caricias y los dineros del cantante exfutbolista. Y es que este Julio no tenÃa remedio: le era infiel hasta a su propia hija.
Chabeli, que en verdad debÃa estar liadÃsima, no se personó ni siquiera en el video original de la canción, en el que sencillamente se intercalaban primeros planos de Julio moviendo su bocacartón junto a un árbol con instantáneas de su filia amantÃsima:
Tres años después del canto a Chabeli, hey, Serge Gainsbourg -que siempre tuvo por las jovencitas una singular debilidad- grabó una tórrida canción de pasión paternofilial con su hija preadolescente, Charlotte (fruto de su unión con Jane Birkin). La letra, en gabacho, era un escándalo, con frases tan desvergonzadas como “el amor que nunca haremos juntos es el más hermoso, el más violento, el más puro…“. (Si hay alguna falta, la culpa es del traductor de Google).

No contento con la poplémica que provocó la canción en sÃ, Gainsbourg grabó este lúbrico y espectacular videoclip, en el que aparece en un futurista catre medio en pelotas remoloneando con su hija de trece años recién cumplidos (también medio desnuda). Las madres de medio mundo se llevaron las manos a la cabeza, mientras los padres apagaban la tele visiblemente incómodos.
Y a sà nos podrÃamos pasar todo el dÃa, viendo vÃdeos de padres e hijas, porque hay para aburrir. Pero yo, que acabo de terminar de ver el número 37 (“You“, vocal duet de Don Costa con su hija Nikka) estoy ya francamente empalagado de tanta sacarosa audiovisual. Sólo me queda cerrar este atracón con una guinda-aforismo del family guy y crÃtico musical DarÃo Vico: “La paternidad es como la pedofilia pero sin sexo“. Va a ser que sÃ.

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