Sólo un cerebro (literalmente) enfermo y delirante como el del gran Poch (alias Ignacio Gasca; Donosti, 1956-1998) pudo vomitar una canción dedicada a la higiene dental. La rareza se llama “A flúor” y la grabó junto a su grupo Derribos Arias en 1982. La letra era sencilla y breve pero, como todo lo que escribía este hombre, dotada de un singular sentido del humor absurdo. Decía así:
“A flúor es la sensación que se siente después de comer al lavarse los dientes con flúor”.
A continuación, el no menos disparatado videoclip de la canción, dirigido por Rafael R. Tranche y protagonizado por el grupo Derribos Arias al completo y una señorita que sólo aparece para dar un gritito:
Hay marcianos con bigote que invaden videoclips de innombrables artistas musicales con poderes paranormales:
Hay marcianos con talante:
Hay marcianos disfrazados de personas:
Hay pinches marcianos:
En fin, que hay marcianos por todas partes. Sospecho que su objetivo es volvernos locos a todos para luego abducirnos, llevarnos a su planeta y convertirnos en comida basura para surtir millones de McDonalds interestelares. Ejemplo de abdución de un turismo terrestre:
EL ATAQUE DE LOS ESPERMATOZOIDES DE DUREX: un grupo de espermatozoides sigue por la calle a un tipo que tiene una cita. Menos mal que está ahà el condón para pararles los pies. Mola la rolliza cerdita que provoca la avalancha de las partÃculas seminales:
PUBLICIDAD SUBLIMINAL DE PEPSI PROTAGONIZADA POR UN NIÑO: en España no están permitidos estos tipos de anuncio (y mucho menos con locos bajitos), pero la verdad es que molan: denigrar a la competencia para exaltar los presuntos valores del producto anunciado:
EL PERRO AL QUE LE TOCA LA PRIMITIVA: está incrustado entre otros cinco anuncios que tampoco están mal, pero el mejor es, sin duda, el del perrito que es fiel sirviente de su amo… hasta que le toca la Bonoloto y se hace millonario. Una explÃcita metáfora del curro como forma de esclavitud que se abandona al primer golpe de suerte:
LAS MARUJAS Y EL ACEITE: dos marujonas de libro mezclan churras con meninas (o aceite con preservativos) en este desquiciado spot puertoriqueño de principios de los noventa:
PAPEL HIGIÉNICO ANDREWS: ya sin mondrigonadas, los de la marca Andrews se atrevieron hacer este explÃcito minispot para orientar su papel del culo al público más viril y guarreras:
TRINARANJUS “BIP BIP”: los creativos de este anuncio tuvieron la no muy brillante pero sà resultona idea de usar a dos populares personajes de Warner (el correcaminos y el Coyote) para vender refrescos. Pobre Coyote, no se libraba de las hostias ni en los anuncios:
CHICLE DUNKIN: pero esto de usar dibujos animados para vender cosas se viene haciendo desde que la tele es tele; en 1971, a la marca de chicles Dunkin se le ocurrió regalar un álbum de cromos de Mortadelo y una lupa con su goma de mascar:
EL CANARIO Y EL PAJERO: en los 80 ya existÃan pajeros, lo que pasa es que aún no les llamaban “freaks”. El segundo anuncio, de vÃdeos VHS de la marca JVC, está protagonizado por un pajerazo del quince que roza la realidad virtual gracias a su magnetoscopio; el primero, por un pajarito que domina a un gato gracias a la fuerza de su alpiste Nido:
JASP: nadie ha olvidado aún este, uno de los anuncios más famosos y repelentes de los 90: Un redicho guaperas le canta las cuarenta a su jefe, dándole una lección “guay” y dejándolo con la palabra en la boca. Un anuncio que vendió coches como churros a toda una generación, la generación JASP, esa juventud algo loca y con su puntito bohemio, sÃ, pero siempre guapa, pija y preparadÃsima. Para vender algo tan absurdo, nocivo, caro y prescindible como un coche (un coche “joven”), hay que inventar anuncios como este y pasarlos mil veces al dÃa: