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PAJARES EN EL CAGARRÓN

Publicado el Miércoles, 30 de Abril de 2008 por dildo

Corto y pego de ADN:
“Detienen a Andrés Pajares por agresión
Entró en un despacho de abogados de Madrid con una pistola simulada y roció a los empleados con un ’spray’ antiviolador”

“Agentes del Cuerpo Nacional de Policía han detenido esta tarde al actor Andrés Pajares acusado de un delito de amenazas a los miembros de un bufete de abogados de Madrid, a los que intimidó con un arma simulada y roció con un ’spray’ antiviolador, según fuentes de la Jefatura Superior de Policía.
Según estas fuentes, el suceso ocurrió sobre las 12.45 horas, cuando el actor acudió a un bufete de abogados situado en la calle Rafael Salgado de Madrid con una pistola simulada y amenazó a sus empleados disfrazado con una gorra y un bigote postizo.
Los empleados del despacho alertaron a la Policía y en el lugar se presentó una patrulla que procedió a detener al actor, visiblemente alterado”.

La noticia parece el argumento de un imposible filme “noir” y crepuscular de Mariano Ozores, pero es real como la risa misma. Y a mí me sabe mal, que detengan al que fue uno de los mejores cómicos de España por esta nadería. Si ni siquiera la pistola era de verdad… Ya sólo por Los bingueros debería tener inmunidad judicial, Andrés, como el Rey. En cualquier caso, este episodio demuestra la grandeza y la miseria del personaje de Pajares y, sin duda, pasará a la historia de la mitología urbana nacional, junto al de la pistola del feo de los Calatrava o al del atraco a la mansión de Jose Luis Moreno, demostrando, una vez más, que ciertos cómicos españoles, al menos, tienen carácter: no me imagino a Oscar Jaenada, Eduardo Noriega o cualquier otro actor español “joven” protagonizando cosa a la manera, ni en la realidad ni en la ficción.

Sirva esta disparatada “performance” junto a mi no menos admirado Julio para recordar quién es (o quién fue) Andrés Pajares, que ahora se encuentra puteado en el calabozo (o en el “cagarrón”, como decía mi abuela, que en paz descanse):

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DE “PERDIDOS” A LA ISLA

Publicado el Lunes, 28 de Abril de 2008 por dildo

Más vale tarde que nunca: ando viendo por fin la primera temporada de Perdidos (yaaa, ya sé que va por la cuartaaaa) y, la verdad, de momento no me engancha tanto como “Prison Break” o “Heroes”. Es más, los personajes me la sudan todos salvo uno. Y no, no es el calvo de la selva, ni la preñada angelical, ni el matasanos mondrigas, ni el gordo friki, ni el negrata tonto, ni su puñetero hijo… Es la propia isla. Me he enamorado de ese lugar bello y siniestro. Quiero vivir ahí o, al menos, pasar una buena temporada (nunca mejor dicho…) correteando por sus bosques y arenas bajo traicioneras lluvias torrenciales, sintiendo en mi jeta su brisilla marina y su flamón tropical.

Y, al parecer, esto no es tan difícil, porque existen viajes organizados a la isla de la fantasía. Sí, la empresa de viajes-basura Atrápalo vende paquetes de viajes a la isla de Hawai donde se rueda esta serie que tiene millones de fanáticos a lo largo y ancho del mundo. Aquí se puede ver la oferta de vuelo+hotel (nooo, los vuelos no son de Oceanic) que, por unos 2500 euros, te ofrece siete noches siete en la isla de “Perdidos”.

Por lo visto, en el viaje está incluido un circuito por las localizaciones de la serie, para que los fans puedan verlas sin perderse en ellas ni arriesgarse a toparse con alguno de los osos polares que, sin duda, pululan por ahí. Este es un video grabado por dos chicas del club de fans de “Perdidos” Lostzilla, que hicieron la ruta de Atrápalo:

Tiene buena pinta, aunque, no sé, con tanta afluencia de fans… a este paso, cuando termine de ver las cuatro temporadas de “Perdidos” la indómita isla que aparece en la serie ya habrá sido transformada en un maloliente parque temático por la lacra del turismo catódico.

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NOCILLA OMEGA

Publicado el Lunes, 28 de Abril de 2008 por dildo

(”Saigón, mierda…”) Esta tarde, tumbado sobre la hierba del Parque del Oeste, he terminado de leer Nocilla Experience“, el segundo experimento narrativo de Agustín Fernández Mallo. Aunque haya sido bendecido por “El País” (no en vano ahora publica en Alfaguara), el tío va a su bola y, por ejemplo, linka en su blog cosas tan políticamente incorrectisisisímas como nuestra Línea de Sombra. (”Saigón, mierda, aún sigo solo en Saigón”).

Está guay, el librito, un puzzle que se lee en un suspiro, aunque casi me gustó más el anterior, tal vez por la novedad. (”…sigo solo en…”). En el mar de citas, descripciones pospoéticas, guiños pop y mensajes sulibellados, he pescado este fragmento, en el que uno de los personajes del libro (un entrañable percebeiro apodado “Bacterio“) habla (precisamente) de la película The Omega Man (El último hombre vivo)” de Charlton Heston:

“Uff, es tremenda, la vi hace muchos años en la tele, y nunca más, El último hombre vivo, se llama, del 71, todos han muerto en Los ÃÂngeles y Charlton Heston es el único que queda vivo, hay una pandilla de zombis que le acosan, pero como sólo salen de noche, durante el día él puede andar por las calles, y entra en las tiendas, que han quedado intactas, y coge lo que quiere, y cuando se le acaba la gasolina pilla otro coche cualquiera y ya está, es tremenda, hay unas imágenes aéreas de la ciudad semidestrozada, llena de papeles y basura, y él en un descapotable por esas grandes avenidas, que parecen como el mar, a toda hostia, sabes, es tremendo. ¡Ah, dice Anxo, Entonces como lo del Prestige: el mar deshecho y lleno de mierda! Calla, calla, no me hables, responde Antón, Yo casi te diría que estoy deseando que venga otro desastre, total, la pesca no se ha resentido y han entrado en las casas millones de euros en indemnizaciones. Hombre claro, asegura Anxo, Tú y todos.”

(”…mierda, aún sigo solo…”)

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PIN-UP

Publicado el Sábado, 26 de Abril de 2008 por dildo

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ANTROPOLOGÃÂA DEL TREPISMO

Publicado el Miércoles, 23 de Abril de 2008 por dildo

“Trepadoras: plantas que, no pudiéndose valer de sí mismas para mantenerse enhiestas, se encaraman a otra planta, un muro, un peñasco u otro soporte, por medio de zarcillos de uncinos o de raíces adventicias o bien enroscándose a un sustentáculo rollizo si la planta es voluble”.
Diccionario de botánica.

Como ocurre con otras expresiones de moda, hoy en día se abusa de la palabra “trepa”, se le llama trepa a cualquier cosa, es un comodín casi, lo de “trepa”. Y, sin embargo, pocos seres son dignos de este popular calificativo que define a todos aquellos individuos que tienen un arte y un instinto especial para escalar en los escalafones de una empresa, de un país o de la vida en general, apoyándose en otros seres. Para bien y para mal, yo carezco por completo de dotes trepistas y, por eso, me fascinan las personas trepas y dedicaré este post a analizarlas con ojos de entomólogo.

En una fiesta de empresa, el trepa se diferencia del pelota por un detalle, sutil pero importante: el pelota entra en la fiesta y va corriendo a dar cepillo a los jefes. El trepa, entra en la fiesta, se dirige amablemente a sus compañeros de curro, los saluda con sonrisas y halagos, se tira un buen rato charlando afablemente con ellos y, sólo una hora después, va a dar coba a los jefes. El trepa, de esta forma, se camufla y no es desenmascarado por sus compañeros, que son una valiosa fuente de información. Cae bien a todo el mundo. Es un mago de las relaciones públicas que, en apariencia, sólo sabe agradar.

Pero tras su dicharachera careta de buen chaval, de persona “de izquierdas”, de trabajador honrado y humilde que se esfuerza para aprender de sus compañeros y sus jefes, se esconde una peligrosísima sanguijuela, un lobo con piel de cordero que mete cizaña entre curritos, da chivatazos a los amos, propina puñaladas por la espalda, se pone medallas de trabajos ajenos y siembra el malestar general para aprovecharse del caos y medrar victorioso por encima de todos.

Un buen trepa es dificil de reconocer, y se suele descubrir cuando es demasiado tarde y ya ha llegado a la cima. Pero, si se da el caso de que es detectado antes, tampoco es fácil luchar contra él: aún después de hacerte un putadón, un trepa tiene recursos suficientes como para convencerte en cinco minutos de su buena voluntad y hacerte creer de nuevo que es un tío de puta madre y hasta tu amigo, para seguir chupándote información (sin dar nada a cambio) y vampirizando tu curro. Como las plantas trepadoras, los trepas son flexibles, bordean sutilmente los problemas y se adaptan a todo, siempre hacia arriba. Se pueden neutralizar sus ataques, pero no impedir su ascenso. Eso sólo puede lograrlo otro trepa más grande y poderoso que él.

El trepa se caracteriza por absorber información y conocimientos de los demás, pero nunca compartir los suyos (o, si lo hace, es en pequeñas dosis y para no levantar sospechas); aprende rápido y jamás reconoce el valor de la persona que le enseña; se atribuye con frecuencia el mérito de trabajos ajenos; calumnia, descalifica y apuñala a los demás por la espalda… Y todo con una inmensa sonrisa en los labios.

El objetivo del trepa es alcanzar puestos de poder sin importar los medios que tenga que utilizar para ello. El trepa es implacable: quiere llegar a su meta, como todos, pero no se anda con chiquitas. En este sentido, no sólo es primo hermano del parásito sino también del depredador: actúa por instinto, de forma consciente y activa, sin ningún tipo de ética o remordimiento. Esto lo convierte en un ser más puro que el currito medio, que odia al trepa porque no puede ser como él. El trepa, sin embargo, ve a sus compañeros y a sus jefes como simples instrumentos de su plan. Son escalones, no personas.

Hay trepas y trepas. Subordinados que trepan por encima de sus superiores, compañeros que trepan por encima de otros trabajadores o jefes que trepan a costa del trabajo de subordinados (bueno, esto último no cuenta casi porque es demasiado tan común que aburre: jefes a los que el puesto les queda grande que se adjudican el mérito del trabajo de sus esclavos). Sin embargo, el objetivo final del buen trepa, del maestro trepista, no es hacerle la cama al jefe, sino acabar siendo jefe de su jefe. Y luego chulearlo o, si da problemas, despedirlo sin pestañear.

A los jefes les gustan los pelotas porque a nadie le amarga un dulce, pero en el fondo los desprecian. Sin embargo, admiran la hipocresía del trepa, fiel reflejo de la suya. Porque el trepa no sólo da coba y chivatea, también tiene la intuición necesaria para adelantarse a los deseos del jefe, para postularse como alguien que puede ser muy útil. Y todo sin dejar de lamer culos… Porque un trepa sólo deja de chupar traseros cuando ha alcanzado la cumbre absoluta. Entonces, se hace carne el mítico refrán: “Dale un carguito y verás quién es fulanito”.

Aunque el trepa macho tiene más voluntad de poder que el trepa hembra, este último posee más recursos. El trepa de sexo femenino puede llegar a subir más alto y a hacer más daño, porque la mujer cuenta con más instrumentos para trepar: además de su cuerpo, tiene instintos sociales y emocionales que el hombre no es capaz ni de sospechar.

Las multinacionales, las editoriales, los palacios, los platós o los clubes de alto standing están llenos de trepas. Pocos llegan a algo en este mundo a base de su esfuerzo o su genio. Si no tienen enchufe, deben poseer dotes para el medraje. Los jefes, los políticos, los empresarios, los ricos, los poderosos en general (y todas sus mujeres), son trepas o herederos de trepas. La anomalía se produce cuando alguien llega ahí arriba con el sudor de su talento. Por eso, en esos círculos están tan mal vistas las personas brillantes: son sospechosas.

Como la vívora o el escorpión, el trepa hace mucho daño, pero no actúa con malicia. Sólo una minoría entre los trepas son sádicos y joden a los demás aposta. El auténtico trepa posee una personalidad tan narcisista y manipuladora que actúa con total naturalidad, sin pararse a pensar en las consecuencias que sus acciones pueden tener para terceras personas. Cuando alcanza su meta, el trepa cree que ha hecho bien, que es mejor que los demás y que se merece su éxito.

Y, ciertamente, el trepa es superior en lo suyo: en subir y en seguir subiendo y en mantenerse arriba a costa de los demás. Mas su vida interior es un conjunto vacío. Son seres que crecen como setas en la actualidad porque este sistema los fomenta y es el mejor caldo de cultivo para ellos. Sin trepas el mundo no sería como es. Por eso, la única manera de exterminarlos implicaría una compleja y violenta reestructuración total del Sistema, un giro de 90 grados tras el cual se aislaría a los trepas en gulags. Como esto, por el momento, no es posible, habrá que aprender a detectarlos para mantenerse alejado de ellos. De los trepas, digo. Bueno, y del trabajo también.

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