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POR UN PUÑADO DE ANUNCIOS

Publicado el Martes, 11 de Marzo de 2008 por dildo

Y ahora, vamos a hacer una pequeña pausa para la publicidad y volvemos enseguida. Porque ella es la que hace posible este espacio. Sí, ella, que nos engaña y nos convence para que compremos cosas inútiles que no necesitamos para nada. Pero… ¿quién no se ha dejado llevar alguna vez por un spot y se ha echado a la calle como un juramentado para hacerse con un producto completamente absurdo? No contesten ahora… háganlo después de la publicidad.

TANQUE CLIMT LANZAVENTOSAS: cuando los niños todavía jugaban con juguetes bélicos, allá por los primeros 70, la marca valenciana Climent Hermanos hizo esta pequeña y artesanal joya de la publicidad de serie B para promocionar su Tanque CLIM lanzaventosas que “dispara certeramente y maniobra en todo terreno”. Se les olvidó decir que el tanque no incluía el decorado de cartón piedra que sale en el anuncio:

EL ATAQUE DE LOS ESPERMATOZOIDES DE DUREX: un grupo de espermatozoides sigue por la calle a un tipo que tiene una cita. Menos mal que está ahí el condón para pararles los pies. Mola la rolliza cerdita que provoca la avalancha de las partículas seminales:

PUBLICIDAD SUBLIMINAL DE PEPSI PROTAGONIZADA POR UN NIÑO: en España no están permitidos estos tipos de anuncio (y mucho menos con locos bajitos), pero la verdad es que molan: denigrar a la competencia para exaltar los presuntos valores del producto anunciado:

PUBLICIDAD AGRESIVA DE COCA COLA: pero por muchos anuncios de publicidad comparativa que hagan Pepsi en los países que lo permiten, la Coca Cola sigue arrasando, tal vez por su ingrediente secreto (¿cocaína?). El caso es que con anuncios como este, tan machacones e insistentes como brillantes, no me extraña que estemos todos enganchados (a la Coca Cola, que no a la coca, o también):

VERSIÓN “MICHAELJACKSONIZADA” DEL ANUNCIO ANTERIOR: no sé si es una parodia o realmente se emitió, pero lo cierto es que esto me parece una pequeña obra maestra. No encuentro las palabras:

EL PERRO AL QUE LE TOCA LA PRIMITIVA: está incrustado entre otros cinco anuncios que tampoco están mal, pero el mejor es, sin duda, el del perrito que es fiel sirviente de su amo… hasta que le toca la Bonoloto y se hace millonario. Una explícita metáfora del curro como forma de esclavitud que se abandona al primer golpe de suerte:

LAS MARUJAS Y EL ACEITE: dos marujonas de libro mezclan churras con meninas (o aceite con preservativos) en este desquiciado spot puertoriqueño de principios de los noventa:

MADELMAN SUPERMAN: quien no jugara con el Madelman Supermán en su infancia, una de dos: o es demasiado joven o es demasiado viejo. El resto, niñas incluídas, nos hinchamos a jugar a Superman después de ver la película protagonizada por Christopher Reeve. El Madelman Superman era más tirillas que el del cine, sí, pero daba el pego:

LAS PÉRDIDAS DE ORINA DE CONCHA VELASCO: mucho le tuvieron que pagar o muy mal debía andar de pasta la ex chica yeyé para atreverse a mutar en señorona pipí y protagonizar este anuncio. ¿Resultado? Concha pasará a la historia como “la pañales”:

EL DÃÂA EN QUE DON DIABLO SE TRANSFORMÓ EN PAVO FRÃÂO: ¿qué pasaría por la cabeza de Miguel Bosé cuando vendió su canción “Don Diablo” a los de Pavo Frío para que la convirtieran en jingle de anuncio? No lo sé, supongo que billetes de cinco mil pesetas de las de antes. El resultado es francamente horrísono y aplastantemente hortera:

COMPRESAS EVAX: la fiebre de los tangas hizo que las marcas de compresas fabricaran modelos minimalistas. Este anuncio batió récords de audiencia en su día por las modelos moviendo los culos que en él salían. Cuando hay buenos traseros, ¿a quién le importa la creatividad?:

LA CABINA 2: remake postapocalíptico y minimal del clásico telefilme de Antonio Mercero, rodado en 1998 por Retevisión (con el grandioso José Luis López Vázquez repitiendo su papel de hombre gris encerrado, pero 25 años después) para celebrar el fin del monopolio de Telefónica. La idea es buenísima y la resolución, magistral:

PAPEL HIGIÉNICO ANDREWS: ya sin mondrigonadas, los de la marca Andrews se atrevieron hacer este explícito minispot para orientar su papel del culo al público más viril y guarreras:

ANOREXIA: publicidad erótica. Me calienta este anuncio con gordita en paños menores. Todo es para demostrarle al espectador cómo se ve una anoréxica que está en los huesos:

HOMBRES ABANDONADOS: Galerías Preciados, la distinguida competencia de El Corte Inglés, parió en 1992 este inolvidable anuncio que ganó un León de Oro en Cannes y el Gran Premio del Festival de Donosti. De poco les sirvió: tres años después, Galerías cerró por suspensión de pagos y fue absorbida por El Corte Inglés:

TRINARANJUS “BIP BIP”: los creativos de este anuncio tuvieron la no muy brillante pero sí resultona idea de usar a dos populares personajes de Warner (el correcaminos y el Coyote) para vender refrescos. Pobre Coyote, no se libraba de las hostias ni en los anuncios:

CHICLE DUNKIN: pero esto de usar dibujos animados para vender cosas se viene haciendo desde que la tele es tele; en 1971, a la marca de chicles Dunkin se le ocurrió regalar un álbum de cromos de Mortadelo y una lupa con su goma de mascar:

ANUNCIOS OCHENTEROS: ahora que, por enésima vez, dicen que vuelven los dichosos 80, he aquí un bloque de anuncios de aquella década, desde los Bocatas Bimbo “con mucha marcha” dirigidos al emergente sector de público juvenil, hasta el repelente niño que decía “gracias señor por conducir bien en vacaciones” de la DGT, pasando por el de Fogo protagonizado por un billar con bolas-insecto o el del limpiador anunciado por un increíble hombre menguante. Va a ser verdad que en aquellos tiempos había más creatividad que medios informáticos. Al loro con las vetustas cortinillas pixeladas:

EL CANARIO Y EL PAJERO: en los 80 ya existían pajeros, lo que pasa es que aún no les llamaban “freaks”. El segundo anuncio, de vídeos VHS de la marca JVC, está protagonizado por un pajerazo del quince que roza la realidad virtual gracias a su magnetoscopio; el primero, por un pajarito que domina a un gato gracias a la fuerza de su alpiste Nido:

JASP: nadie ha olvidado aún este, uno de los anuncios más famosos y repelentes de los 90: Un redicho guaperas le canta las cuarenta a su jefe, dándole una lección “guay” y dejándolo con la palabra en la boca. Un anuncio que vendió coches como churros a toda una generación, la generación JASP, esa juventud algo loca y con su puntito bohemio, sí, pero siempre guapa, pija y preparadísima. Para vender algo tan absurdo, nocivo, caro y prescindible como un coche (un coche “joven”), hay que inventar anuncios como este y pasarlos mil veces al día:

BOLLYCAO ES LA MERIENDA QUE ALIMENTA Y MÃÂS ME GUSTA MERENDAR: ¿te acuerdas del pan con chocolate? Qué nutritivo, sano y natural era. Hasta que llegaron los de Panrico y se inventaron el Bollycao, una mierda de bollo industrial relleno de sucedáneo de crema de cacao que, aunque sabía a gloria, disparató nuestros niveles de colesterol infantil hasta lo astronómico. Y todo por culpa de este genial anuncio:

FAMOSOS EN ACCIÓN: y, para terminar, una colección de viejas glorias anunciando todo tipo de productos en varios spots de los años 60 y 70. Fernando Fernán Gómez, Manuel Alexandre, Florinda Chico, Rafaela Aparicio, Marisol, Gracita Morales, Rocío Jurado, José Luis Coll, Mary Santpere, Tip y Coll, Alfredo Landa, Lina Morgan y un largo etcétera que culmina con un inenarrable fragmento del spot de Bárbara Rey para Hacienda con el cartel del circo de su Angel Cristo de fondo:

Y tras esta breve pausa publicitaria, continuamos con nuestra programación…

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EL MUCHACHO DE LA BURBUJA DE PLÃÂSTICO

Publicado el Viernes, 7 de Marzo de 2008 por dildo

El otro día, mientras todos los españoles seguían el debate basura entre los dos teleñecos del Club Bilderberg, estuve revisitando vía Internet un telefilme clásico que marcó mi pubertad: El chico de la burbuja de plástico (Randal Kleiser, 1976). En él, un John Travolta adolescente interpreta a un joven que, por haber nacido sin sistema inmunológico, se ve obligado a vivir en un habitáculo de plástico. Todavía creo que es la mejor actuación de Travolta; sí, incluso por encima de “Fiebre de sábado noche”, “Carrie”, “Broken arrow” o “Pulp Fiction”.
masterpiece travoltesca
El productor de “El chico de la burbuja de plástico” fue Aaron Spelling, que luego se haría célebre gracias a éxitos como “Starsky y Hutch”, “Sensación de vivir”, “Los ángeles de Charlie”, “Los hombres de Harrelson” o “Dinastía”. Un auténtico rey Midas de la televisión, vamos. Lo más curioso es que mister Spelling pasó sus últimos años enfermo, con cáncer de boca (era fumador empedernido de pipa), aislado en una habitación de plástico, cuidado por una enfermera que lo acabó denunciando por ataques sexuales. Caray con el abuelo de la tele… Travolta, sin embargo, era inofensivo, romanticón y peterpanesco en su celda plástica (no en vano es una de las pelis favoritas de Michael Jackson). Como mucho, se limitaba a bailotear cual ratón enjaulado, como presagiando su eclosión discotequera:

Yo nací en el 73, así que cuando ví la pinícula por primera vez no debería tener más de cuatro o cinco años. A mis ojillos infantiles, aquello parecía un extraño filme de ciencia ficción: un chico que sólo podía vivir encerrado, aislado del contacto físico con otros seres que podían matarlo con sus caricias (”¡nunca ha tocado a sus padres!”, exclama un reportero en un momento de la película). Del útero materno a la burbuja de plástico. No me pareció terrible, simplemente marciano, sobre todo cuando a Travolta le dan una especie de traje de astronauta para que pueda corretear por ahí. En ese momento sentí un pinchazo de pelusa: aquel disfraz era muy chulo y yo ansiaba uno para mí, mas cuando se lo pedí a los Reyes sólo recibí un diminuto Madelman cosmonauta. Con él no jugaba a los extraterrestres; jugaba al chico de la burbuja de plástico.
el madelman de la burbuja de plastico
Años después, al reencontrarme con el telefilme, ya con pelos en los testículos, me dí cuenta de que aquello era un dramón. Lo volví a ver en la serie Estrenos TV en la que, cada mediodía, emitían distintos telefilmes lacrimógenos, casi todos protagonizados por teenagers. Recuerdo uno de un chico ya crecidito que se meaba en la cama y, como castigo, su madre colgaba de la ventana las sábanas llenas de manchones de pis; el chaval iba corriendo a quitarlas al salir del colegio para que no las vieran sus amigos al pasar y, gracias a eso, acaba siendo medalla de oro de los 100 metros lisos. Recuerdo otro de un chico superdotado que hablaba tan rápido que nadie lo entendía (tenían que grabarlo en un cassette y escuchar la cinta ralentizada). Pero, sobre todo, recuerdo “El chico de la burbuja de plástico”. He aquí el telefilme enterito, por si alguien no lo ha visto aún o quiere revidearlo. Se siente, pero está doblado en castellano neutro, o sea, en panchito:
El muchacho de la burbuja de plástico no podía salir de su cuarto-pecera de poliestireno transparente: una obvia metáfora postindustrial del aislamiento y la incomunicación que sufren los adolescentes: algunos son mutantes y tienen superpoderes, otros son humanos y se encierran en su habitación porque todo les hace pupa. Sólo pueden salir con su traje de astronauta (símbolo de la importancia del atuendo en la etapa teen o el porqué de la tribu urbana y de la moda adolescente). También se habla del amor (o, si queréis, de la pulsión sexual) como fuerza motriz que puede sacar del cascarón hasta al polluelo más timorato.
envidiable escafandra
Como muchos otros telefilmes de los 70, “El chico de la burbuja de plástico” estaba basado en la vida de dos personas que existieron de verdad: David Vetter y Ted DeVita. Ambos se vieron obligados a vivir en ratoneras de plástico herméticamente cerradas para protegerse de los patógenos que amenazaban sus organismos sin defensas. Lo fuerte es que cuando Vetter vió la película se rió de ella y dijo que era ciencia ficción, porque era imposible salir de la cápsula con traje y volver a entrar en ella sin contaminarla. Este es David Vetter, el auténtico chaval de la burbuja de plástico:
como un hamster
Por supuesto, la popularidad de la película provocó numerosos homenajes y parodias. Entre los tributos, cabe destacar el que hizo David Lynch en Twin Peaks“, con Harold Smith, aquel personaje que no podía salir de su casa-invernadero porque sufría agorafobia: se dedicaba a cultivar raras especies de orquídeas y a esconder el diario secreto de Laura Palmer. Entre las parodias, un capítulo de la serie “Sefield” (o algo así) o la película “Bubble boy”, que no he visto entera pero que por el tráiler parece una parida de las gordas:

Para terminar, y aunque ya he posteado más arriba el telefilme entero, no puedo resistirme a recortar y pegar aquí el emocionante final, el “happy end” de “El muchacho de la burbuja de plástico” en versión original con subtítulos, con esa canción tan bonita, tan ingenua, tan 70″s… Al final resulta que la enfermedad era una barrera psicológica que el chico rompe para poder estar con la chica, tocarla, besarla y huir a lomos de un caballo llamado vida.

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LA BELLA Y LA BESTIA

Publicado el Martes, 4 de Marzo de 2008 por dildo

bella y bestia son…
“Cierto como el sol
que nos da calor
no hay mayor verdad
la belleza está
en el corazón”.
Chenoa y Bisbal.

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