EL INCREÃÂBLE BICHO BOLA
Esta noche no podÃa dormir. Intenté contar ovejas, pero sólo venÃan a mi cabeza bichos bola. Desfilaban por mi mente, correteando vivarachos con sus cien pies o rodando, transformados en pelotillas. Y yo me divertÃa observándolos. Pero no me dormÃa. Porque, a diferencia de las ovejas y de las personas, los bichos bola no son aburridos.

El bicho bola, también llamado cochinilla de la humedad, bicho pÃldora o bicho balÃn, puede parecer un insecto, pero en realidad pertenece al grupo de los crustáceos, aunque habita en tierra firme, sobre todo debajo de las piedras, las hojas secas o los troncos… En general, se siente a gusto en cualquier entorno que mantenga fresco su aparato respiratorio, por eso es raro verlos en el secarral madrileño, donde a duras penas sobreviven alimañas como la cucaracha o el hombre. Los bichos bola prefieren los jardines y las huertas, pero a veces entran en las casas; en el patio de mi colegio, en Galicia, habÃa muchos y los niños nos hacÃamos sus amigos y jugábamos con ellos a las canicas; también habÃa cerdos que se los comÃan, tal vez influidos por los exóticos documentales de Miguel de la Quadra Salcedo. Tiene varios nombres cientÃficos, este animalillo, dependiendo de la variedad, pero mi favorito es Porcellio Scaber. Si algún dÃa engendro un vástago lo llamaré asÃ. Porcello Scaber de Congost. Qué bien suena…

El cuerpo de estos bicharracos trilobÃticos se divide en tres partes fundamentales: cefalotórax (cabeza y primer segmento torácico), pereon (o tórax) y pleon (o abdomen). Pertenecen al orden isópodo, o sea, que tienen siete pares de patas (podos) iguales (iso) con las que logran moverse a considerable velocidad.

Pero lo que hace divertidos a estos seres es la conglobación o volvación, es decir, que si alguien o algo los toca, se enrollan, formando una esfera casi perfecta y lisa gracias al ajuste de las piezas del exoesqueleto. Esta es una forma de defensa genial frente a los depredadores pues, al enroscarse, los órganos sensoriales y las partes más blandas y vulnerables de la criatura quedan envueltas y protegidas por el resistente exoesqueleto. De esta forma, también se reduce la pérdida de agua. AsÃ, embolados, aguantan un rato largo, hasta que pasa el peligro y vuelven a estirarse, recuperando su estabilidad sobre el suelo. Tocando muchos de estos bichos, he podido comprobar que los hay más y menos tÃmidos o cobardes o precavidos, pues unos tardan más que otros en deshacer su bolita para recuperar su forma andarina.

Aunque existen muchos tipos de bicho bola, el que más abunda en Europa es el Armadillum vulgare, una cosita que, pese a su nombre, no tiene nada de vulgar: 15 milÃmetros de largo por cinco de ancho, con antenas cortas y articuladas, telson triangular y color castaño-ceniza. Se trata de la única especie de bicho bola que se enrosca formando una esfera perfecta, asà que es una suerte tenerlo por aquÃ. Y es una lástima que muchos jardineros lo gaseen o lo fumiguen con Glacoxan E como si fuera una mala bestia. Total, sólo porque devore unos cuantos miles de cotiledones y semillas…

El alimento favorito de este crustáceo terrestre es la soja, aunque tampoco le hace ascos al maÃz o a la alfalfa. Estricto vegetariano, también traga hojas, raÃces, flores y frutos de diversas especies. Yo quiero montar una granja de bichos bola y alimentarlos con pipas de calabaza y carne humana. Mi objetivo es desarrollar una mutación gigante de esta criatura, para repoblar el mundo con una raza superior.

En mis experimentos de cruce he observado que los bichos bola follan como conejos, enganchándose por los culos. Tres o siete semanas después del coito, la hembra supura unos huevecillos de 0″7 milÃmetros en su faz ventral. A veces porta en su abultada tripa hasta 200 huevos, guardando una inquietante semejanza con la embarazada humana. Cuando los huevos eclosionan, he podido comprobar que de ellos salen unos microseres de color blanco y ojos saltones, que se quedan enganchados durante unas semanas más a la madre, vampirizando su energÃa. Cuando crecen hasta un milÃmetro, ya empiezan a autoabastecerse y, en pocas semanas, alcanzan los dos o tres milÃmetros de longitud. Después, les sale la nueva piel, y ya son idénticos a sus papás, sólo que más pequeñitos. A los 25 meses, se pueden considerar adultos y son capaces de reproducirse. Aunque en su sociedad no están muy bien vistas, algunos de estos bichos desarrollan perversiones sexuales. Los especÃmenes más degenerados se entregan a la babofilia (o sexo con babosas), que está tan mal considerada como la zoofilia en la cultura humana. Sin embargo, apenas hay constancia de casos de homosexualidad en esta especie.

El Armadillum vulgare tiene vive un máximo de 41 meses (tres años y cuatro meses) y, llegado a esa edad, muere de viejo, con el exoesqueleto arrugado. Los isópodos jóvenes cambian de exoesqueleto a menudo, pero los adultos sólo una vez cada dos meses. La muda se produce en dos etapas: primero la parte posterior y luego la anterior, para no ser completamente vulnerables a los posibles ataques ni quedarse secos.
En fin, que es una joya, el bicho este. Veámoslo al fin en acción, con música tarantinesca de fondo. Si yo fuera Quentin, harÃa mi próxima pelÃcula con bichos bola. Sin duda, sus conversaciones resultarÃan mucho más interesantes que las de las babosas que salÃan en “Death Proof“.
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