PLAYA, PINTXOS Y CRONENBERG
Donostia Zinemaldia es mi festival de cine favorito del mundo entero. Aunque su programación suela ser floja (de este año sólo salvarÃa la peli que motiva este post y el ciclo de Philippe Garrell), se celebra en una de las ciudades más agradables, cómodas y bonitas del universo. Puedes darte un baño y, en un salto, estar viendo una pinÃcula en el Kursaal, luego comerte un pintxo con Zulueta (recomiendo los del Txepetxa y los del Aloña Berri) y, cinco minutos después, encontrarte en el MarÃa Cristina (hotel donde se sirve el mejor café con leche de Euskal Herria) entrevistando a Cronenberg, para terminar la jornada tomando una copa en una fiesta privada en el Bataplán, mÃtico club incrustado en la playa de La Concha. Son lujos que pocas ciudades se pueden permitir.

La semana pasada estuve en el festival este, vi la nueva pinÃcula de Cronenberg, “Promesas del Este“ y le hice una jugosa interviú (al director, no a la pinÃcula) que podréis leer dentro de poco en la revista GQ. No todo fue un camino de rosas: tuve que tragar a una agente de prensa insufrible y la atroz ceremonia de inauguración del festival presentada por la gaseable Cayetana Guillén Cuervo, pero al final valió la pena: todos los contratiempos fueron suavizados por el (casi zen) sonido de la txalaparta y por la (aplaudidisisisima) presentación de “Promesas del Este” por Cronenberg y Viggo Mortensen. Tras el pase, ambos saldrÃan de la sala prácticamente “a hombros”, en medio de una clamorosa ovación. Se la merecÃan con creces.

No voy a contar gran cosa de “Promesas del Este”, porque ya he escrito sobre el tema y, además, hay miles de crÃticas en virtuales y de papel (todas buenas: imposible hablar mal de algo genial). Sólo que se trata de una pinúcula buena con avaricia y que se puede ver sin miedo (se estrena hoy en salas comerciales). Sigue un poco la lÃnea de “Una historia de violencia“, pero va más allá. Podemos decir que Cronenberg sodomiza al thriller “comercial” y lo convierte en un juguete exquisito, para dibujar un Londres gris, decadente que tiene algo de Rusia bipolar y de videojuego mutante: es, en el fondo, otra Interzona donde colocar a sus personajes poliédricos y torturados. Pero corto el rollo ya, porque la pelÃcula es tan compleja y fascinante que me podrÃa tirar horas hablando de ella. Y este no es el momento ni el lugar.

Sólo comentaré dos escenas, ultraviolentas y sórdidas a más no poder que, por si solas, ya justificarÃan la visión del filme: una pelea brutal (y homófila) de Mortensen en pelotas contra dos mafiosos en un baño turco; y un (homófobo) coito “a la fuerza” de Viggo con una puta a cuatro patas, mientras su jefe le grita: “¡venga, demuestrame que no eres maricón, fóllatela!”. A destacar también la importancia simbólica de los tatuajes en la pelÃcula (esencial, en una época en la que hasta los tatoos se han democratizado y descafeinado), que queda reflejada en este pequeño reportaje:
La peli es casi perfecta en ritmo, ambientación, guión, decorados, fotografÃa, dirección de actores… Cronenbeg se sale, devolviéndo al cine su rango de Séptimo Arte. Cada vez hace pelÃculas más intachables… y también más comerciales. Creo que nunca habÃa rodado un final tan feliz como este. Y, sin embargo, sigue siendo, por encima de todo, él pispo: sus imágenes siempre dejan posos melancólicos en el alma del espectador.
Otro diez para Mortensen, que borda a un gangster tan duro como taciturno y se transforma en plastilina (convenientemente tatuada) en manos del director. Pocos hubieran tenido testÃculos suficientes para interpretar la escena de la sauna.

Como guinda, más Cronenberg: acaba de ser editada en España en DVD (¡más de tres lustros después de su estreno!) “El almuerzo desnudo“, la brillante adaptación cronenbergiana del (inadaptable) libro homónimo de William Burroughs. Una pelÃcula de la que tampoco diré gran cosa: es un tema más propio del dildódromo que de este humilde zoo. Sólo eso: que ya está en las tiendas en DVD en una extraña edición de Avalon, para todo aquel que se atreva a comprarla o expropiarla.

Y no digo “extraña” por el perturbador contenido de la pinÃcula (que también), sino porque se autodenomina “edición de lujo” o “edición de coleccionista” y no trae ni la mitad de extras que la versión americana: faltan los comentarios del director y sobra el corto “Snuff 2000“, que, aunque bizarro es un rato largo, pinta menos aquà que un relato de Loriga en una novela de Burroughs. En fin, terminemos este post con una de las escenas más alucinantes de “El almuerzo desnudo”:
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