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BODA ZOMBIE

Publicado el Martes, 20 de Febrero de 2007 por dildo

Pocas cosas hay más terroríficas que un bodorrio. Pero hasta dentro de estas “entrañables” ceremonias hay grados de horror: la peor es, sin duda, tu propia boda, luego están las bodas de gays y lesbianas (en las que la atrocidad se funde con la parafilia), después las bodas de reyes, ricos y famosos (jaleadas por lo peorcito del vasallaje), después las de familiares y amigos y, finalmente, las bodas que se ven por You Tube. Verlo desde la barrera catódica no es tan horrible como estar ahí, aguantando el aliento etílico y los chistes verdes de un padrino enzarpado ¿eh amigos? Así que ahí va un buen vídeo de lo que puede llegar a hacer un puñado de bestias humanas cuando se ven atrapadas en un bodorrio: ¡la coreografía completa del “Thriller” de Michael Jackson! Toda una metáfora de la boda, esa pantomima económico-social que convierte al hombre en muerto viviente. Ayer fue un rito iniciático, hoy es una celebración de la Burguesía, de la sumisión al Sistema.
Si el amor es un invento de la mujer (Burroughs dixit), la boda es un invento del macho humano para controlar a su hembra, como bien recordó la feminista Valerie Solanas en su manifiesto de la Organización de Exterminio del Hombre, Scum. El caso es que nos vigilemos los unos a los otros, ¿no? Crear un mundo de polis de espíritu controlados, a su vez, por videocámaras, ordenadores y otros robots. Para el día del juicio queda la pregunta clave que le quitó el sueño a Alan Moore: ¿Quién vigila al vigilante? Tal vez el ojo de Dios, ese mismo que hizo enloquecer a Ray Milland, hasta el punto de sacarse los globos oculares de sus cuencas con sus propias manos.
¡Si tus ojos te escandalizan, arráncatelos!“, dice la Biblia. Tal vez tengáis que hacerlo, después de ver este video:

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ESCHER REVISITADO EN VANO

Publicado el Martes, 13 de Febrero de 2007 por dildo

He aquí un puñado de razones para que no perdáis el tiempo yendo a ver la expo organizada por el Canal de Isabel II sobre M.C. Escher:

-Por las putas colas (aunque yo me chupé sólo media cola porque fui a la hora de comer: la otra media estaba moviendo el bigote).

-Por las putas hormigas (niños llorando, más colas dentro para ver las cosas, televidentes gritando a voces explicaciones evidentísimas de las obras que veían -”¡mire, mire, abuela, es una mano dibujando a otra mano!“-, viejas cayéndose rodando por los suelos, marujas pidiendo el libro de reclamaciones porque otras marujas se les colaban, catetos gritando y aplaudiendo como si estuvieran en un bar… Hacía buen día. ¿Por qué estas hormigas no se fueron al Retiro (ellas) o al fútbol (ellos) a desfogarse?).
hand loop
-Casi todas las obras expuestas estaban más vistas que el tebeo (y las ilustraciones de la primera época del dibujante, que eran lo más raro, eran flojitas: paisajes y similares) y ha sido reproducido hasta la saciedad y copieteado por cientos de artistillas y miles de libros de juegos visuales. Por eso había tanta gente en la obra de un dibujante y grabador que en su día sólo interesaba a cuatro. Jünger, gran admirador de la obra de M.C. ya advirtió sobre los peligros del éxito. A Escher lo han perseguido más allá de la tumba.

- ¿Para qué tanta avalancha para ver lo que se podría disfrutar mejor en casa? Os recomiendo que os hagáis con un libro de Taschen o que robéis el catálogo de la expo y contempléis las láminas en casa, cómodamente sentados, sin sofocones ni avasallamientos. Al fin y al cabo son láminas, dibujos, no un cuadro que hay que ver en grande y en lienzo para apreciarlo mejor.

-La escenografía era más hortera que un bocadillo de martillos, sobre todo las pantallas con dibujos animados basados en las chiribitas simétricas del autor y los suelos tapizados con obras que ya estaban expuestas.

-El merchandising es chulo pero irritante: convierte a Escher en un producto más que se come con ketchup. Menos mal que a Jünger, como “es un coñazo leerlo” (que diría Ussía), no se le puede biodegradar para consumo rápido y masivo.
-La sala 8 (en la que no entré porque me despisté debido a la pésima disposición de cada parte) me dijo mi sra. que era como un discotecón (cuando pretendía ser una “mezquita isótropa” que hiciera perderse al visitante en “el blanco y negro del espacio infinito”) y la sala 9, pomposamente llamada “caja mágica” no era más que un boquete absurdo en el que los insensatos comisarios habían hecho un montaje/pastiche con diferentes figuras extraídas de obras de Escher: un disparate, un insulto al autor y una guinda moderna, ridícula e inútil (valga la triple flunflunflancia).

Pero lo peor fueron las colas, aaargh. País de colas. País de hormigas. Cuelgo el cartel de “vuelva usted mañana” en el zoo y me piro una semana a Alemania para descansar de tanta cola y tanto paisanaje. Nos vemos.

loop de españoles

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OBJETIVO MACARENA

Publicado el Lunes, 12 de Febrero de 2007 por dildo

Ayer mismo, vagabundeando por ese vertedero ambulante llamado El Rastro, me topé, en una tienda guarra, con un insólito engendro audiovisual: una polvorienta cinta de VHS que aún no sé muy bien en qué apartado meterla, porque no es exactamente una pinícula, sino… sino… ¿Un musical? Tampoco. ¿Un video X? Casi, pero… Me rindo, no tengo ni puta idea de lo que es, sólo que salen niños bailando y cantando, así que lo meteré en una nueva categoría llamada “Locos bajitos” y punto pelota.

La cosa se llama “Objetivo Macarena” y, en ella, un puñado de criaturas de unos 10 años (Alex, Mayca, Ana, Alejandra, María y Alberto) son castigadas por su sádico maestro (un tal “Profesor Cascarrabias”) a aprenderse en una hora todos los pasos de baile de la popular canción “Macarena”, de Los Del Río. Desesperados y deprimidos ante tamaña misión, los críos holgazanean en una céntrica plaza madrileña cuando, por arte de birlibirloque, detrás de un arbusto de plástico aparece Rambo (Santiago Urrialde) y, tras decir, “dioh mío, eto es un infienno”, les da a los chavales un maquinillo computerizado que parecería sacado de ExistenZ o de un diseño de Giger, si no fuera por que canta a Todo a 100 por los cuatro costados. Con este aparatejo, nuestros pequeños héroes se transforman en Mega Agentes X, un grupo de pedopop a medio camino entre Parchís y La Década.

La cinta (o lo que sea) se convierte entonces en una sucesión de videoclips encadenados por fragmentos argumentales, que pota sobre clásicos del cine musical infantil como “Las aventuras de Enrique y Ana” o “Chispita y sus gorilas”. Las canciones son versiones de superventas de la época como “Johnny Techno Ska” (del makinero Paco Pil, el de “¡dónde está la peña que rompeee!“), “Duro de pelar” (de la profesional y superventas Rebeca), “Cachete, pechito y ombligo” (del incombustible panchito cardado Georgie Dann), “Saturday night” (de Whigfield)… Todas ellas perpetradas con chirriantes vocecillas infantiles que hacen buenos a los Pitufos Makineros. En los clips, los protagonistas se descoyuntan en toscas coreografías junto a los cantantes de cada tema, bailando entre efectos digitales como de Commodore 64 (notas musicales con caritas, burbujas de colorines, hologramas de putones discotequeros…). Todo este infierno dura… ¿Media hora? ¿Tres días? ¿Un siglo? No sabría decirlo. Pero, eso sí, el narcótico efecto de esas imágenes musicales me hizo perder las nociones de espacio/tiempo… hasta que perdí el conocimiento. Fundido en negro.
Cuando recuperé la consciencia, aaargh, la horrible cara de Fernandisco llenaba la pantalla de la tele. Casi vuelvo a caer roto, pero, gracias a Dios, esa horrible aparición fue pronto sustituida por mas alegres y makineros cánticos infantiles. El genial director de la joya, que en un alarde de modestia y sabiduría ha preferido permanecer en el anonimato, no sólo movía la cámara como si estuviera jarto de speed y MDMA, sino que enfocaba los movimientos de los pechitos, los cachetes y los ombligos de las niñas con sospechosa insistencia. Y así pasó otra eternidad… Hasta que la peli llegó a una apoteósis que haría las delicias de Michael Jackson: todo un colegio de niños de entre 5 y 12 años bailando a ritmo de “Macarena” en un patio de recreo, ante los desorbitados ojuelos del Profesor Cascarrabias.
Pero no se confundan: “Objetivo Macarena” no es una pinícula casposa, ni seborreica, ni pizarra. Es una aberración total, una autohumillación extrema para pervertidos terminales. Caca para los ojos. Y ahí está su grandeza. Y ahí está también el porqué de su fracaso. Así, el grupo infantil que protagonizaba esta locura desapareció del mapa y su sello discográfico (MAX) tuvo que cambiar de nombre. Los miembros del conjunto Mega Agentes X volvieron al cole (tras una azotaina paterna) y, diez años después, nadie los recuerda y miles de copias de su ¿película? crían ácaros en los mercadillos de las Españas. Y es que, ya lo dijo Jardiel: “En arte, lo verdaderamente original repugna a las masas”.
extreme pedopop

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EL MDMA: ¿MALO COMO LA PESTE?

Publicado el Jueves, 8 de Febrero de 2007 por dildo

Lo leí en una noticia en un suplemento ejem “cultural” del diario “El Mundo”. Fíjense lo informadísimos que están estos paladines de la noticia, que dicen que el MDMA provoca los siguientes efectos:

“La metanfetamina, conocida como «ice» o «cristal», produce una paulatina deformidad del consumidor. Tras dos años, una chica de 23 parece una anciana. Destruye todo vínculo con la realidad. Desinhibe hasta perder la orientación sexual. El ice es la «droga del sexo» por excelencia. Sus efectos duran de seis a ocho horas. Un consumidor habitual deja de dormir una semana sin problema. Pero no se siente cansado. Las señales que envía el cuerpo al cerebro están bloqueadas”.

Bueno, que me digan donde han pillado ese cristal, porque todas las veces que yo he tomado esos polvos picapica, he sentido un ligero colocón durante un par de horas y luego me he quedado frito. ¿Droga del sexo? Para nada. Como dice el bioquímico Alexander Shuling “el MDMA no es un afrodisíaco. Te da un acercamiento a los demás, y una calidez emocional, pero no necesariamente una erección. Es algo sutil”. ¿Dejar de dormir una semana? Creo que estos “profesionales de la información” (”profesional” es una palabra que siempre he asociado a la prostitución) confunden el MDMA con el “speed”. ¿Deformidad? Deformidad (y locura) produce ser sometido a mentiras periodísticas.
El disparatado texto continúa así:

“En el momento en que se ha pasado de un mes de consumo diario, el ser humano pasa a ser un títere (o un esquizofrénico). A los tres meses, si se opta por beberlo, el hígado estará destruido. Su rostro, en cualquier caso, lucirá lleno de llagas. En un año, habrá envejecido seis. En dos años, 12. Y así sucesivamente… Si no es aniquilado por el VIH, lo matará el envejecimiento prematuro”.
Jajajajajajajajajajaja. ¿A quién quieren asustar? ¿A la abuelita Paz? Conozco a decenas de personas que toman cristal a menudo desde hace años y siguen vivitos y coleando, en perfecto dominio de sus facultades físicas y mentales. No voy a frivolizar y decir que el MDMA es un chiste. Claro que, como todas las drogas (alcohol, azúcar y medicamentos legales incluidos) puede tener sus efectos negativos, derivados de un uso insensato, pero lo que ha publicado el diario de Pedro Jota no tiene nada que ver con la realidad. Como el 90% de lo que publican los periódicos sobre drogas y sobre todo.
Preguntas: ¿De dónde salen las mentiras? ¿A quién benefician? ¿Por qué los grandes medios del Estado español la han tomado ahora con el MDMA (cuyos efectos benéficos en psicología han sido de sobras demostrados) y apenas mencionan los efectos negativos del perico? ¿Qué turbios intereses mueven a grupos editoriales como Prisa o Rizzoli (que ahora acaba de comprar Recoletos)?
drug machine

Peligrosísima máquina de hacer droja.

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DE RATONES Y CAMIONES

Publicado el Lunes, 5 de Febrero de 2007 por dildo

En esta nueva categoría destriparé pinículas de ayer, hoy y siempre. Les llamo pinículas en homenaje a Doña Filomena, la abuelita de la familia Ulises.

Ayer, más de un lustro después de la penúltima vez, volví a videar “El diablo sobre ruedas” (1971). Y me gustó más que nunca. En realidad, el tema de la pinícula es la transformación del homo oficinistus en bestia parda. El protagonista es un currito castrado por la civilización. Todos se ríen de él: su mujer (por calzonazos y cobarde), los niños (porque no consigue empujar a su autobús escolar con su utilitario), los parroquianos de una cafetería (porque se pone chulo y le acaban zurrando)… Hasta que, a base de pincharlo, un psicocamionero consigue que el ratón se convierta en dragón y acabe ganando la batalla…

Mas el triunfo es agridulce, cuando el tipo se da cuenta de su miseria existencial: tras el heróico combate con el camión, vuelve a ser un oficinista mediocre y miserable. Y por eso llora y, enloquecido, tira piedrecitas al barranco sin saber qué hacer: ¿volver a la civilización y seguir viviendo una existencia ridícula, desnaturalizada? Pero, ¿hay otra opción, ahora que su enemigo, aquel que, intentando matarlo, lo hacía más fuerte, yace aplastado al fondo del abismo? ¿Mutar en camión asesino cuando no es, en el fondo, su destino? He aquí el dilema: él para ser feliz quiere un camión, pero no tiene alma de camionero.
“El diablo sobre ruedas” no va, como dijo algún crítico europeo, de la lucha de clases. Es obvio que el cochecito representa a la clase media, pero el asesino no puede representar a la clase alta porque no conduce un lujoso camión cisterna perteneciente a una gran corporación, sino un oxidado maquinón envuelto en una cruzada para despiojar al desierto americano de coches-cucaracha. El camión cisterna es una fuerza de la naturaleza, ajena a la sociedad: un auténtico outsider que simboliza más el poder salvaje, fálico, titánico, animal, frente a la insignificancia y fragilidad (física, psíquica, espiritual) del hombre domesticado. El hecho de que el segundo triunfe sobre el primero responde a que, tal vez, Spielberg y Matheson proyectaron el mito de David y Goliat sobre sus personajes: craso error. Lo que salva al oficinista es que, durante unos minutos, se transforma en bestia y entra a saco en el juego de su adversario, poniéndose a su altura y, por fin, venciéndolo.
El propio protagonista (interpretado por Dennis Weaver) llega a ser consciente de su situación, de que, por un oscuro giro del destino, ha cruzado la zona crepuscular que separa la civilización de la barbarie y, en uno de los escasos momentos de reflexión que le deja el demonio motorizado, oxidado y babeante de aceite y grasaza, la verbaliza con aplastante contundencia en un inmortal monólogo interior:

“Nunca se sabe. Vas por la vida pensando que algunas cosas nunca cambian. Como poder conducir por una autopista sin que alguien quiera asesinarte. Y luego, te ocurre una estupidez… Y ahí estás, de nuevo en la jungla otra vez”.

¿Cómo fue capaz el ñoño Spielberg de parir una cosa así en la friolera de 13 días? “Tenía hambre”, confiesa el hoy afamado director en los extras del DVD. El 70% del mérito es, sin duda, del gran Richard Matheson, guionista del filme que escribió cuentos de miedorl y guiones para series como “Dimensión desconocida” y novelas/películas como “Soy leyenda” o “El increíble hombre menguante”. Esta última es, en mi opinión, su obra maestra, gracias a su inmensa talla metafísica, insólita en un título de ciencia ficción yanqui. He dicho.
despiojando el asfalto

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