EL SECRETO ESTÁ EN LA MASA

Hoy he tenido un día maravilloso. Caliente como una perra, degenerada y zorra como la que más, llamé por teléfono a una pizzería. Pimiento, jamón, champiñones y extra de queso.

-Son 15 euros, en unos veinte minutos la tendrá en su domicilio.

Tardó más, pero mereció la pena. Un tirillas, con cara de no haber roto un plato, me entregaba la pizza tembloroso e inquieto.

Abrí la caja para comprobar si estaba tal y como la quería, pero los putos imbéciles habían olvidado ponerle el extra de queso. La pizza era una jodida mierda seca y maloliente.

-Tú, tirillas. Esta pizza es una cagada. Yo la había pedido con extra de queso –Le dije medio borracha.

-Perdone señorita. Ahora mismo vuelvo a la pizzería y le traigo la que quería.

-No me da la gana. Ahora lo que de verdad me apetece es una pizza con extra de lefa.

Cerré la puerta con llave y le obligué a desnudarse. Menuda paja se hizo el muy asqueroso sobre la pizza. El inmundo acto me llevó a comérmela como si llevara un mes sin probar bocado, y luego, se la chupé como una posesa.

La pizza de sabo es la hostia de indigesta, de hecho llevo dos horas tirada en el suelo sin poder moverme.