LA EYACULACIÓN

Incluso la arena eyacula ante mis encantos.

Yo disfruto desde la superioridad, sintiéndome Diosa y poderosa, pues es la eyaculación masculina el acto de debilidad más representativo del hombre. Cualquiera de ellos, hasta el más dominante, queda sometido a la mujer. La polla expulsa poder a modo de esputo blanquecino, y el hombre, mientras más veces se corre, más resignado queda ante ella.

Lo que ellos no saben es que esa lefa es poderosa, por eso yo soy tan inteligente y especial. Si se bebieran su propio semen no perderían la fuerza, poseerían una inteligencia superior y crearían una máquina para comunicarse con los alienígenas que nos crearon.

Que lerdos sois, bebeos la jodida lefa y veréis como triunfáis en la vida, como desarrolláis vuestra inteligencia y como domináis el universo.

EXPERIENCIA EXTRASENSORIAL

A veces entro en estado de shock y regurgito semen.

Cuando hago mamadas me gusta tragarme la lefa, alimentarme del líquido de la lujuria, sentirme vampira poderosa ante mi presa.

Es algo que le suele gustar mucho a los chicos, pero no más que a mí… No existe nada en el mundo que me ponga más cachonda que sentir como se aproxima a mis labios, explosionando imprevisto sobre éstos, envolviendo mi lengua e hidratando mi garganta de tan maravilloso manjar.

Recuerdo la primera vez que entré en estado de shock… Hacía 1 mes de mi primera mamada, me encontraba sola en casa y comencé a recordar aquella vivencia para ponerme a tono. De repente, una luz cegadora me paralizó y comencé a revivir la experiencia con una realidad pasmosa. Regurgité litros y litros de semen, los cuales me volví a tragar gustosamente.

Desde entonces, y cada vez que me como una polla, vuelvo a revivirlo pasado 1 mes. A veces se me han llegado a juntar en un mismo día hasta 38 regurgitaciones, luego me quedo como la negraca de la peli Ghost, hecha polvo pero feliz por haber pasado por tan mística experiencia extrasensorial.

EL SECRETO ESTÁ EN LA MASA

Hoy he tenido un día maravilloso. Caliente como una perra, degenerada y zorra como la que más, llamé por teléfono a una pizzería. Pimiento, jamón, champiñones y extra de queso.

-Son 15 euros, en unos veinte minutos la tendrá en su domicilio.

Tardó más, pero mereció la pena. Un tirillas, con cara de no haber roto un plato, me entregaba la pizza tembloroso e inquieto.

Abrí la caja para comprobar si estaba tal y como la quería, pero los putos imbéciles habían olvidado ponerle el extra de queso. La pizza era una jodida mierda seca y maloliente.

-Tú, tirillas. Esta pizza es una cagada. Yo la había pedido con extra de queso –Le dije medio borracha.

-Perdone señorita. Ahora mismo vuelvo a la pizzería y le traigo la que quería.

-No me da la gana. Ahora lo que de verdad me apetece es una pizza con extra de lefa.

Cerré la puerta con llave y le obligué a desnudarse. Menuda paja se hizo el muy asqueroso sobre la pizza. El inmundo acto me llevó a comérmela como si llevara un mes sin probar bocado, y luego, se la chupé como una posesa.

La pizza de sabo es la hostia de indigesta, de hecho llevo dos horas tirada en el suelo sin poder moverme.