SOY UNA HIJA DE SATANÁS

Me paso el día borracha, follando y escuchando a los Iron Maiden. Siento repulsa por los que se pasan la vida encerrados en una oficina, alimentándose de obligaciones y resignándose a sus superiores. Yo me alimento de sabo, y sólo me resigno ante una buena polla.

Ayer recibí un email de un conocido presentador de televisión. Su fantasía sexual consistía en follarse a una actriz porno muy guarra, y por supuesto no hay otra mejor que yo.

Acepté su propuesta y quedamos en un lujoso hotel de Madrid. Al muy imbécil siempre le había gustado llevar una doble vida. Su mujer e hijos tan solo eran la tapadera de su inmunda y repulsiva existencia.

-Oh Bianca, me voy a correr.

-Córrete dentro mi amor, tomo la píldora.

Una vez terminado el polvo me levanté y le dije:

-Si en 24 horas no tengo 60.000 euros en el banco no tomaré la pastilla postcoital y tendré un hijo suyo. Su esposa se enterará y arruinaré su vida. Le mentí, no tomo la píldora.

-Eres una zorra -Dijo entre sollozos.

-Gracias.

Esta mañana me he despertado con 60.000 euros en el banco.

Soy una hija de puta y me enorgullezco de ello.

EL SENTIDO DE MI VIDA

Ayer, y sin saber muy bien por qué, comencé a caminar sin rumbo ni destino; litrona en mano y treinta y tantos grados a la sombra.

Debió ser algo parecido a lo que le ocurrió a Forrest Gump, sólo que yo nunca tuve problemas de espalda en mi niñez. Claro que últimamente ando un poco jorobada debido a la cantidad de pollas que me he comido a lo largo de mi vida.

Paré varias veces para saciar mis incontenibles ganas de mear, de cara a la carretera, para así poner cachondo al personal.

-Soy puta y exhibicionista –Les gritaba a los conductores.

De repente dejé de caminar, una idea esclarecedora en mi cabeza: había encontrado el sentido de mi vida. Debía llevar a cabo todas y cada una de mis fantasías sexuales, pero además, elevarlas a la milésima potencia.

Quizás fue cosa del alcohol, o de las miles de pollas que han pasado por mi coño de Diosa, pero juro por lo que más quiero que sentí aquello como un mensaje omnipotente y revelador.

Así que, como ahora vivo como me da la gana y tengo pasta de sobra, decidí llevar a cabo una de mis fantasías y, además, exagerarla al máximo.

Llamé al butanero y le comí la polla, llamé a otro y me lo follé sin piedad, llamé a un tercero y me hizo un anal… y así hasta los 30 butaneros que me acabo de beneficiar.

Me siento realizada.