EL SENTIDO DE MI VIDA

Ayer, y sin saber muy bien por qué, comencé a caminar sin rumbo ni destino; litrona en mano y treinta y tantos grados a la sombra.

Debió ser algo parecido a lo que le ocurrió a Forrest Gump, sólo que yo nunca tuve problemas de espalda en mi niñez. Claro que últimamente ando un poco jorobada debido a la cantidad de pollas que me he comido a lo largo de mi vida.

Paré varias veces para saciar mis incontenibles ganas de mear, de cara a la carretera, para así poner cachondo al personal.

-Soy puta y exhibicionista –Les gritaba a los conductores.

De repente dejé de caminar, una idea esclarecedora en mi cabeza: había encontrado el sentido de mi vida. Debía llevar a cabo todas y cada una de mis fantasías sexuales, pero además, elevarlas a la milésima potencia.

Quizás fue cosa del alcohol, o de las miles de pollas que han pasado por mi coño de Diosa, pero juro por lo que más quiero que sentí aquello como un mensaje omnipotente y revelador.

Así que, como ahora vivo como me da la gana y tengo pasta de sobra, decidí llevar a cabo una de mis fantasías y, además, exagerarla al máximo.

Llamé al butanero y le comí la polla, llamé a otro y me lo follé sin piedad, llamé a un tercero y me hizo un anal… y así hasta los 30 butaneros que me acabo de beneficiar.

Me siento realizada.