SEDIENTO DE CERVEZA
Quiero vivir dentro de una cerveza, envolverme con su espuma, beber hasta caer exhausta.
Hoy os voy a contar una anécdota, ocurrió hace ya bastantes años, concretamente cinco, pero jamás la olvidaré.
Aquella noche, las litronas rularon incansables entre nuestras manos: el alcohol comenzaba a hacer efecto insensibilizándome el alma a pasos agigantados. La libido por las nubes me provocó un sentimiento casi enfermizo de ansiedad. Todos lo hemos sentido alguna vez, miramos el reloj y el día va pesando sobre la noche, todo lo que horas antes ansiábamos aún no ha llegado, y es entonces cuando rompes con la timidez, el ridículo y la monotonía. Es en ese punto cuando las mejores ideas salen a destajo y, como si de una cámara fotográfica se tratase, te va retratando para dejar perenne en tu memoria las mejores y más inolvidables experiencias de tu vida.
Mi coño me habló, me habló con sus dulces labios agónicos, sediento.
-Dame de esa litro.
Mi coño pedía cerveza, ansiaba del líquido dorado… Y yo, indudablemente, no se la negué.
Me encerré en el baño, cogí la litrona y lo alimenté de ella. Mientras tragaba, me agradecía incansable aquel gesto, y en correspondencia, se contraía incesante ofreciéndome los mejores orgasmos de mi vida. Mientras más bebía más generoso se mostraba. El goce fue tal que terminé tumbada en el suelo convulsionando, expulsando espuma por el coño y la boca; agradeciendo a la litrona, ya vacía, aquella noche de placer excéntrico.




















