VAGINA EN LATA
Me duele el coño…
Y es que follar en exceso ha terminado pasándome factura. Lo tengo hinchado, del tamaño de un Big Mac, palpitante y enrojecido. Aun así, sigo muy caliente, tanto que he intentado masturbarme. Las ganas son las ganas, y por muy jodido que lo tenga, necesito descargar. Cogí el consolador, en vano… pues no me entraba ni la puntita.
-¡Puto coño de mierda, deja de hacerme la vida imposible! –Gritaba enfurecida.
Finalmente, he tenido que masturbarme con la fina ramita de un árbol que encontré en el jardín de Torbe. Cómo arañaba el puto palo, me ha dejado el coño hecho un Cristo.
Me senté en el sillón a relajarme cuando, de repente, recordé algo horrible: había quedado con un cliente. Pero no con un cliente cualquiera, se trataba del Rasputín, el putero con la tranca más grande del universo.
Casi me pongo a llorar… ¿Cómo me iba a poner a follar con el coño hecho trizas?
Soy una profesional, muy zorra, pero al fin y al cabo profesional. Rasputín llego a casa y comenzó a meterme mano, cada sobeo de coño me hacía ver las estrellas, miles de agujas se clavaban en mi clítoris con cada roce. Apagué la luz y, disimuladamente, cogí una vagina en lata. La coloqué estratégicamente entre mis muslos y dejé que el jodido cabrón se desahogara a gusto.
Mientras soltaba 600 euros me aseguraba que había sido el mejor polvo de su vida.
Soy la puta hostia.
Jajaja Qué te jodan pardillo…






